lunes, 31 de julio de 2017

Garrucha y la epidemia de tifus de 1929



Panorámica de Garrucha a principios de siglo XX. Fot: F. de Blain

A principios del siglo XX, se estima que el 70% de la población de Garrucha pertenecía al estamento proletario, mientras que el 30% restante se repartía en una pequeña clase media  y una minoritaria alta burguesía que se había hecho rica al calor de la minería y el comercio. Mientras estos últimos vivían en las principales calles de la población, los llamados «pobres» vivían en los barrios altos y las cimbras abandonadas del Martinete y San Jacinto, donde se hacinaban en condiciones miserables e insalubres, proclives a padecer todo tipo de enfermedades. Por ello, cualquier caso de cólera, sarampión, gripe, etcétera, corría el riesgo de convertirse en una pandemia que asolara a todo el vecindario, donde miles de personas vivían en una pequeña localidad que se ciñe, esencialmente, a un compacto y estrecho casco urbano.

Dada la vulnerabilidad epidemiológica del municipio, el Ayuntamiento de Garrucha,  a través de su Junta de Sanidad y sus competentes médicos municipales, siempre tuvo mucho celo en evitar o contener cualquier tipo de enfermedad infecciosa que pudiera suponer un riesgo para la salud pública.
 
A lo largo del siglo XIX fueron varios los casos en los que Garrucha eludió, gracias a las medidas sanitarias tomadas, la llegada o el contagio de graves enfermedades, como por ejemplo la conocida epidemia de cólera morbo que afectó a otros municipios del levante almeriense en 1860 o 1885. Sin embargo, a veces, y pese a todos los medios puestos en juego, se producían epidemias. Tal fue el caso de la famosa gripe española de 1918, que dejó en Garrucha la terrible cifra de 224 fallecidos, es decir, perecieron 5 de cada 100 habitantes.

En 1929 el municipio se enfrentó a una nueva calamidad. En abril de ese año se detectaron, en tres casas de familias desfavorecidas, cuatros casos de tifus exantemático. Rápidamente, el Ayuntamiento de Garrucha, aconsejado por el Inspector Municipal de Sanidad, don Trino Torres Giménez, acordonó las viviendas, con guardia permanente, para evitar que nadie penetrara ni saliera de ellas. Una vez aisladas, y siguiendo las indicaciones de Torres, se procedió al despiojamiento de los enfermos y sus familias, se desinfectaron las viviendas e incluso se hirvieron las ropas de todas las personas que vivían en las casas afectadas. Asimismo, la Municipalidad solicitó la ayuda de la Brigada de Desinfección del Instituto Provincial de Higiene.

El médico D. Trino Torres Giménez. Hacia 1910
Don Trino Torres, en su calidad de Médico Inspector Municipal, investigó el posible origen de la enfermedad, que se había dado en una mujer y tres niños, y determinó que se debía a la falta de higiene de las viviendas.

En vista de la miseria de las familias contagiadas, el Ayuntamiento presidido por D. Pedro Juaristi concedió 3 pesetas diarias a cada una de las viviendas para subvencionar las necesidades de los enfermos de cada casa, entretanto se hallasen en esa situación y fueran dados de alta.

Por desgracia, el tifus se convirtió en epidemia, aunque no tuvo una gran virulencia gracias a las acciones tomadas por el Consistorio y la Brigada Provincial de Desinfección. El Pósito de Pescadores, previamente desinfectado, se habilitó como Hospital de Aislamiento, quedando bajo la dirección del Inspector Provincial de Sanidad y el médico titular de Garrucha, y se solicitó a las monjas de Cuevas, en un primer momento, que se hicieran cargo de la atención de los enfermos en el improvisado Sanatorio de campaña. Asimismo, se asignaron los necesarios mozos desinfectores y enfermeros, todos ellos bajo las órdenes del médico epidemiólogo del Instituto don Juan Antonio Martínez Limones.

Don Trino, con un celo encomiable, instó a Alcaldía a que se visitasen los casinos, fondas, casas de huéspedes, escuelas públicas y barberías con el fin de ver si cumplían las Ordenanzas de Sanidad y para esta misión se compuso una Comisión integrada por el Alcalde, un concejal, el propio don Trino, el Inspector de Carnes y un Maestro Nacional.

Aparte del común despiojamiento y desinfección de ropas y viviendas, el tratamiento general fue a base de urotropina por ingesta, que dio excelentes resultados, pues dos meses más tarde de la detección de los primeros casos, se dio por extinguida la epidemia de tifus, que dejó un balance de 27 afectados y un único fallecido, un ciego de 62 años, por lo que puede decirse que las medidas sanitarias tomadas fueron acertadas, ya que apenas hubo merma en el municipio con un mal que pudo tener unas consecuencias terribles para la población.

Por su heroica e incansable actuación durante la comentada epidemia, fueron agraciados con la Cruz de la Beneficencia el Alcalde don Pedro Juaristi Landaida, el Inspector de Sanidad don Trino Torres Giménez y el médico epidemiólogo Sr. Martínez Limones, entre otras personas.


miércoles, 26 de julio de 2017

Berruezo y Barbieri, una amistad


El Brigadier Berruezo fue una personalidad de la España de su época. Aunque veratense de nacimiento, se asentó en el levante español, donde llegó a convertirse en una suerte de Espadón en Valencia.

Ya fuese como Diputado a Cortes, Gobernador Militar, Presidente de la Liga de Propietarios, Comisario Regio de Agricultura o Director del Hospital de Valencia, ejerció una gran influencia política y económica en la región, donde tuvo afamados amigos personales, entre los cuales se encontraban el Presidente del Gobierno D. Leopoldo O’Donnell, el Archiduque de Austria D. Luis Salvador de Habsburgo-Lorena o el destacado músico D. Francisco Barbieri, célebre compositor de Zarzuelas que es considerado el creador del Teatro musical en español. Sobre este último se conservan en el Archivo de la Biblioteca Nacional de España un par de cartas como pruebas de la amistad que hubo entre ambos.

El Brigadier de Ejército D. José Antonio Berruezo y Berruezo, y el Compositor D. Francisco Asenjo Barbieri

La primera está fechada en el Campamento de Serrallo el 4 de enero de 1860, durante la Guerra de África, y se corresponde a una misiva de respuesta en la que le agradece su felicitación por su ascenso a Brigadier (General de Brigada) por méritos de guerra. Asimismo, es interesante las apreciaciones que hace sobre la contienda y que se transcribe a continuación:

Campamento del Serrallo 4 Enero de 1860
Querido Barbieri:
Con gran placer he recibido la tuya del 23 del pasado en la que tienes la bondad de darme la enhorabuena por mi ascenso a Brigadier. Te doy las gracias porque eres un buen amigo y dices lo que sientes.
Deseo como todo buen español que se acabe la guerra, pero es preciso para esto que quedemos con carne entre las uñas, pues la sangre y el dinero gastado no son los puñeteros ingleses quien no los ha de dar. Además, ya estamos en baile y sería una majadería no acabar el rigodón, porque la música es linda y nuestro soldados hacen llevar el compás a los moritos de una manera admirable; ellos son buenos bailarines, pero los nuestros lo hacen con más gracia.
No extraño que los hombres dedicados a la asquerosa política no tengan entusiasmo por una guerra que cuyo objeto es levantar muy alta la honra de nuestra noble Nación, porque como ellos no tienen la primera, y su nobleza se funda en robar y aniquilar a la 2ª por eso no piensan más que en estudiar el modo de cómo han de subir al poder. Si estuvieran en esta tierra sufriendo los trabajos consiguientes a una guerra dura y penosa, y observaran el entusiasmo que reina en todas las clases en medio de tantas fatigas, vive seguro que variarían de modo de pensar o se avergonzarían y los echaríamos a patadas de aquí y de España.
No extrañes lo mal coordinada que va esta carta, acabo de bajar del reducto de Isabel 2ª que está cerca de la casa del Renegado y el viento me ha puesto la cabeza como una bomba, este país tiene cosas muy buenas, entre otras, son, que o hace un viendo espantoso o llueve como en los trópicos o hace un calor insufrible.
Dentro de pocos días estará el General en Jefe en Tetuán, esta noche campará en cerro Negrón.
Adiós querido Barbieri, da mis afectos a los amigos, y dispensa lo más pergeñado de esta carta al que lo es tuyo afectísimo.
José Antonio Berruezo
Desde luego, la opinión del Brigadier Berruezo sobre la clase política tiene una gran vigencia actual, pues a pesar del tiempo transcurrido pocas cosas han cambiado en España en este sentido.

La segunda carta se sitúa 18 años después de la primera y está escrita en un tono apreciablemente más cercano, lo que denota que la amistad se mantuvo con el paso de los años.

Valencia 11 Febrero 1878
Querido Paco:
Se va a poner en escena el sábado próximo a beneficio de este Santo Hospital de que soy Director, tu obra titulada El Proceso de Can-Can.
Me dice Martínez que sería muy posible vinieses a ésta a dirigirla. Me alegraría por dos razones. La 1ª porque sacaría más producto de este establecimiento y la 2ª por tener el gusto de darte un abrazo tu afectísimo amigo.
José Antonio Berruezo

Por su posición, el ilustrado militar don José Antonio Berruezo y Berruezo tuvo muchos amigos, aunque indudablemente fue su carácter como hombre de honor, su honradez, sus altos valores morales, su lealtad y fidelidad con los suyos, lo que lo hizo muy apreciado por todos. Prueba de esto tuvo lugar en su funeral acaecido en Valencia en octubre de 1886, donde pudieron verse a muchas personalidades de la España de su tiempo acompañando en tan triste día a la familia del que en vida fue su entrañable y gran amigo.


sábado, 8 de julio de 2017

El Imperio de los Berruezo


Miembros de la familia Berruezo junto a otras personalidades del levante almeriense. Hacia 1875. Fot: J. Rodrigo

Los Berruezo, que ostentaron una posición destacada durante la Edad Media y Moderna, donde fueron hacendados, Caballeros de Alarde, miembros de Concejos Municipales y Alcaldes Ordinarios, vivieron una gran época de esplendor a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Puede decirse que con el inicio de la década de 1840 comenzó la forja del Imperio de los Berruezo. En pocos años, crearon un considerable señorío que se extendió por más de una decena de municipios de Almería y Murcia, y que fue gobernado desde Garrucha. Las importantes actividades comerciales e industriales que llevaron a cabo, así como una gran cantidad de propiedades diseminadas por la provincia almeriense, convirtieron a la Casa Berruezo en una de las más respetadas del levante almeriense, ejerciendo una notoria influencia política y económica en Garrucha durante 100 años.

D. Francisco Berruezo López. 1864. 
Fotógrafo: Pérez de Zafra
Col. José Berruezo García
Cortesía Dolores Peyrallo Pérez
Quizá el éxito del imperio familiar fue, aparte de su diversificación empresarial, que no dependió de la buena gestión de una única persona sino que hubo un relevo generacional que fue capaz de mantenerlo y expandirlo. Varios son los nombres a los que los Berruezo deben buena parte de su historia en el mundo de los negocios. En una primera generación podemos citar a los fundadores de la Casa: los hermanos Berruezo Ayora, donde sobresalen don Manuel, don Francisco y don Antonio, así como su primo don Pedro Berruezo Soler; en una segunda se pueden mencionar a don Francisco Berruezo López,  don Cleofás Berruezo Castaño, don Pedro Antonio Berruezo García, don Cleofás Berruezo Gálvez, don José Segura Berruezo y don Juan Francisco Berruezo Torres; y en una tercera generación es de destacar la saga de hermanos don Pedro, don Bernardo y don Francisco Berruezo Gerez.

Su imperio comercial, que perduró hasta el primer tercio del siglo XX, llevó a la Casa Berruezo a mantener relaciones empresariales con ciudades como Almería, Málaga, Sevilla, Valencia, Barcelona, Mallorca, etc. y países como Portugal, Inglaterra o Francia. Tanto al por mayor como al por menor comerciaron con una gran variedad de géneros, ya fuese barrilla, azúcar, esparto, corteza de granada, cogollos de palma, jaboncillo, jabón, arroz, sal, petróleo, madera, naranjas… Asimismo, obtuvieron la representación exclusiva en el levante almeriense de diversas marcas conocidas a nivel nacional como Vinos Marqués de Mudela, Anís del Mono, Vino Valdepeñas, diversas marcas de Cognac como Jimenez Lamothe, Henri Garnier y Jerezano, Bodegas Franco Españolas de Logroño, así como productos químicos y comestibles como zotal, quesos franceses, aceites de oliva, chacinas, aceitunas sevillanas, chocolates… Sin olvidar que también fueron delegados locales de compañías de seguros como la inglesa Commercial Union, La Polar de Bilbao o el Lloyd Malagueño, o de empresas de transporte como la Alsina.

D. Francisco Berruezo Gerez. Hacia 1910
Fotógrafo: F. de Blain
Col. José Berruezo García
La Casa Berruezo fue de las más antiguas dedicadas a la Consignación de Buques en Garrucha, pues desde don Manuel Berruezo Ayora en la década de 1840 hasta la de 1960, con un heptagenario don Francisco Berruezo Gerez, siempre hubo un Berruezo al frente de este tipo de actividad profesional. Se dedicaron a la consignación y fletamento de barcos durante más de un siglo.

El imperio industrial fue muy heterogéneo. A lo largo de los años, los Berruezo dispusieron de una serie de fábricas dedicadas a diversos sectores y repartidas por varios municipios como Almería, Mojácar, Somontín, Garrucha, Cuevas del Almanzora, etc. Así pueden citarse a modo de ejemplo las industrias dedicadas a la molienda de jaboncillo (talco), aserramiento de mármoles, producción de yesos, cemento y cal hidráulica, manufactura de esparto, fabricación de ladrillos, o la fundición de plomos San Antonio que, en su época dorada, unida a la metalúrgica Encarnación de los Fernández-Manchón, llegó a ser la segunda en volumen de plomo exportado por la rada de Garrucha y la primera en exportación al extranjero. Asimismo, la familia Berruezo se involucró en la industria aceitera, panificadora, harinera, ovina y pesquera, entre otras actividades.

En cuanto a su imperio inmobiliario, los Berruezo amasaron una gran cantidad de propiedades, tanto fincas rústicas como urbanas, repartidas por más de una decena de municipios, entre los que se encontraban: Garrucha, Mojácar, Bédar, Cuevas del Almanzora, Almería, Vera, Turre, Carboneras, Antas, Lubrín, Lucainena de las Torres, Somontín, Lúcar, Purchena, Mazarrón… La mayoría eran cortijos destinados a producción agrícola, cuyos productos exportaban por el puerto de Garrucha.

D. Pedro Antonio Berruezo García. Hacia 1885
Col. José Berruezo García
Cortesía María Teresa Ituarte Mata
La familia Berruezo también creó un importante imperio minero. A partir del descubrimiento de los filones de plomo argentífero en Sierra Almagrera en 1838 formaron parte como accionistas y miembros de diversas juntas directivas de sociedades explotadoras. Además, como ya se ha comentado, disponían de la fundición San Antonio, en manos de don Antonio Berruezo Ayora desde 1875, y fábricas para la manufactura de jaboncillo, mármol, yesos, cal… Asimismo, sabedores de los enormes beneficios que concedía la minería, registraron decenas de minas y tuvieron intereses mineros por casi toda la provincia almeriense: Bédar, Cuevas del Almanzora, Mojácar, Carboneras, Turre, Almería, Pulpí, Lucainena de las Torres, Sorbas, Vera, Lubrín, Macael, Alcóntar, Serón, Somontín, Lúcar, Gérgal, Tíjola, Fines, Oria, Albox, etcétera. Quizá sea don Francisco Berruezo López uno de los máximos exponentes familiares en este tipo de negocio, pues él solo llegó a demarcar más de 60 minas, algunas de las cuales llegaron a ser explotadas por grandes compañías foráneas. Este antepasado llegó a convertirse en una de las figuras más destacadas de la minería del levante almeriense, en particular de la de Bédar, donde fue muy respetado, y, además, presidió algunas sociedades importantes como La Recuperada, que explotaba ricas minas bedarenses de hierro.

En la época que nos concierne, la burguesía adinerada solía ejercer de prestamistas, ya que no existían los bancos como los conocemos hoy día. La familia Berruezo no fue una excepción a ello, pero se destacó por concederlos a largo plazo y no cobrar intereses, lo que denota el carácter altruista de la familia, aunque en algunos casos esos préstamos quedaban garantizados con propiedades.

D. Pedro Berruezo Gerez. Hacia 1905.
Este antepasado fue Alcalde de Garrucha 15 años
Col. José Berruezo García
Como ya se ha comentado, los Berruezo controlaron su imperio económico desde Garrucha, donde se habían asentado en la década de 1840 como relevantes comerciantes. En poco tiempo, se convirtieron en uno de los pilares de Garrucha y junto a otras importantes familias como la Orozco, la Gerez o la Quesada, lucharon por emanciparla de su matriz, Vera. No fue fácil, pero lo consiguieron, siendo el abanderado de aquel movimiento independentista, don Manuel Berruezo Ayora, el primer Alcalde del naciente municipio en 1861. Desde ese momento, siempre hubo un Berruezo presidiendo el Ayuntamiento de Garrucha en las siguientes siete décadas. Además, no se limitaron a ser Alcaldes pues también estuvieron vinculados al servicio público municipal como Concejales, Secretarios del Ayuntamiento, Gestores de las Contribuciones Fiscales, periodistas, Jueces Municipales y de Paz. Igualmente, formaron parte de la Administración Estatal como responsables del Servicio de Rentas de Garrucha y, en el ámbito de la representación consular, ostentaron los viceconsulados de Portugal y Francia. Asimismo, fundaron la que hoy es la Hermandad más antigua de Garrucha, la hoy conocida como Real, Ilustre y Antigua Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, y fueron firmes baluartes y custodios de las tradiciones populares de la localidad. También influyeron en la realización de obras que depararon un mayor trabajo para los garrucheros, como la construcción del cable aéreo minero de Bédar a Garrucha, entre otras acciones destacables.

En sentido general, puede decirse que los Berruezo trabajaron firmemente por el progreso social y económico del municipio, y, por ello, hay quien dice que para comprender mejor la historia de Garrucha hay que conocer la contribución de los Berruezo, pues hicieron máxime el lema: el bien común por encima del individual.

Vista panorámica parcial de Garrucha a principios del siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain

Como colofón a este complejo artículo, donde se ha tratado de resumir la variada actividad empresarial de la familia y su estrecha relación con Garrucha, cabe citar algo muy característico de esta burguesía acaudalada, las alianzas matrimoniales que les permitieron ampliar su influencia y poder. En este sentido, entre las familias de importantes comerciantes, industriales y propietarios que emparentaron con los Berruezo en esta época se pueden mencionar a la Labernia, la Fuentes, la Segura, la Cánovas o la Gerez.


domingo, 2 de julio de 2017

Homenaje del Distrito de Vera a D. Augusto Barcia en 1917


Portada del libro con letras doradas
Col. José Berruezo García
La muerte de D. Jacinto María Anglada en 1902, histórico Diputado de ideología liberal del Distrito de Vera, dejó a la circunscripción veratense desvalida de un candidato capaz de contrarrestar la gran influencia que ejercía el diputado conservador D. Manuel Giménez Ramírez. Ni Pertegaz ni Silvela ni Salvador Carreras, políticos cuneros, tuvieron el peso necesario para satisfacer las necesidades de los liberales del distrito electoral, en el que se incluía Garrucha. Por ello, aprovechando que D. Melquiades Álvarez acababa de fundar el Partido Reformista, solicitaron a éste que les mandase un candidato liberal reformista. Álvarez propuso a los electores a los treintañeros D. Manuel Azaña y a D. Augusto Barcia, y ante el desconocimiento de uno y otro, eligieron al segundo. 

Barcia llegó en 1914 e intentó hacerse con el acta de Diputado a Cortes por Vera en la Elecciones Generales de ese año, y aunque su candidatura ganó ampliamente en Garrucha, gracias al apoyo de familias como la Berruezo o la Fuentes, el cómputo global en el resto de municipios del distrito decantó la balanza hacia el conservador D. Manuel Giménez. No obstante, sí logró salir elegido Diputado en 1916, 1918 y de 1919 a 1923.

Detalle de la justificación de la
edición de la obra.

Col. José Berruezo García
D. Augusto Barcia, que estuvo en Garrucha en diversas ocasiones, fue un político querido y desde su posición consiguió algunas mejoras para su Distrito, así como hacer favores a su clientela política. Este Diputado despertó mucha ilusión y admiración tanto en Almería como en los pueblos que se aglutinaban bajo el Distrito de Vera, y en su primera legislatura los electores decidieron homenajearlo editando “una obra de lujo que contenga toda la serie de oraciones parlamentarias pronunciadas en la presenta legislatura en el Congreso español por el elocuentísimo Diputado que representa el Distrito de Vera Sr. Don Augusto Barcia y Trelles, para ofrecerla como homenaje de admiración y respeto, y como testimonio del inmenso cariño que le profesan sus electores”. Para ello se abrió, con ayuda de la prensa, una suscripción popular (establecida entre 0,50 y 5 pesetas como máximo por persona) que fue rápidamente contestada por centenares de barcistas de los municipios del Distrito de Vera: Albox, Antas, Bédar, Carboneras, Garrucha, Lubrín, Mojácar, Pulpí, Turre, Vera y Zurgena. 

Destacadas personalidades alabaron su figura y la realización del libro, como el jurista y escritor D. Antonio Zozaya que dijo al respecto:

D. Augusto Barcia en 1936.
Durante la Guerra Civil
fue Ministro de Estado y
Gobernación, así como
Presidente del Gobierno
"Esto de que los electores de un diputado – que no es cacique ni cuenta con el padrinazgo de los que lo son, ni es protegido del Gobierno, a cambio de benevolencias, ni siquiera monárquico – se reunan, recauden fondos y coleccionen en un volumen elegantísimo editado y encuadernado a todo coste, los discursos de su representante en la Cámara popular, es absolutamente nuevo en España. Claro es que otros discursos han sido editados, pero no en circunstancias tan diáfanas. Barcia puede enorgullecerse de que en este homenaje que sus electores le tributan, no han entrado sino dos únicos factores: el cariño y la admiración.
Don Augusto Barcia es, sencillamente, uno de los hombres de más valía de la actual generación política; su nombre viene rodeado, desde hace muchos años de un extraordinario prestigio; sobre su talento no puede colocarse sino otro don aún más excelso: su integridad. Recto, pundonoroso, sanamente viril; desinteresado, enamorado de todos los ideales de justicia y de democracia, merece él solo cien ciudadanías. No son su doble entereza varonil, ni su decisión inquebrantable para arrollar cuantos obstáculos pueda oponerse a sus altos propósitos, las que le captan el respeto público; es, ante todo, su elevación de ideas, su pureza de determinación y su austeridad ciertamente espartana. Con su organización vigorosa, casi atlética, contrasta su ingenuidad casi infantil; con sus prematuras canas que en la flor de la vida, brillan sus reflejos argénteos entre sus cabellera negra y abundante. Barcia es «un niño precoz del futuro», y en sus pupilas relampagueantes hay siempre una transparencia que se llama adivinación.
Y luego, su cultura es lo que se llama formidable. Hace muchos años brillaba en la Universidad; luego deslumbró en el Ateneo con su saber extraordinario y su dialéctica invencible, y en las Academias y Sociedades de cultura con su documentación, su método riguroso y su clarividencia científica. Aunque jamás hubiera ocupado un escaño en la Cámara, Barcia hubiera sido siempre un político eminente y afamadísimo; un político al estilo de Mohl, de Zachadise de Schac y de Posadas; porque a diferencia de lo que hacen ciertos profesionales del parlamentarismo, Don Augusto Barcia ha querido dominar el campo de la filosofía del derecho y del Derecho positivo todo el mundo, sabe que es un letrado insigne de la política teórica y de la sociología moderna, antes de presentar al Congreso sus doctrinas y sus planes perfectos de regeneración.
Asombra maravilla; deslumbra la labor realizada por este hombre, verdaderamente extraordinario, en un solo año de actuación parlamentaria; no tiene precedentes sino que en aquellos tiempos de las Constituyentes en que pasmaron con su deber y su elocuencia Castelar, Pi, Salmerón, Figueras, Martos; Ruiz Zorrilla, Labra, Aparici y Guijarro, Manterola, Orense Cánovas y Romero Robledo. Parece mentira que un solo cerebro haya podido estudiar a fondo tantas y tan diferentes cuestiones, tan varios y complejos problemas. Y no hay más que leer los discursos, en que la forma plasma a los moldes perdurables clásicos, hasta encajar en ellos como una cristalización magna, para adquirir la certidumbre de que son ejemplo de doctrina y guía de enseñanza. 
En un año solo Barcia ha realizado una tarea que es incapaz de llevar a cabo la mayor parte de los hombres que presumen de parlamentarios en toda una vida. [...]"
(El Día, Almería, 10 de agosto de 1917) 

Primera página de la obra
Col. José Berruezo García
Y así fue como vio la luz esta obra de 331 páginas, donde se recogieron los principales discursos que pronunció en el Congreso en 1916 y 1917 sobre diversa temática, entre ellas:
  1. La política internacional
  2. La modificación de la Ley de 12 de junio de 1911 que suprimió el impuesto de consumos
  3. Sesión necrológica en honor de don Alfredo Vicenti
  4. Arrendamiento de las operaciones de producción de azogue en las minas de Almadén
  5. Gastos de reconstitución nacional y autorización para emitir deuda
  6. El problema de la emigración
  7. La reorganización del Cuerpo Diplomático y del Cuerpo Consular
  8. La polítical postal y telegráfica en España
  9. Los servicios postales, telegráficos y telefónicos en España
  10. La política hispanoamericana
  11. El presupuesto de “Gastos de reconstitución nacional” y el presupuesto de Marina
  12. La política ferroviaria en España

Al final del libro se listaron todos los suscriptores de los pueblos mencionados que hicieron posible la edición del mismo. En el caso de Garrucha, donde se recaudó la considerable cantidad para la época de 614,50 pesetas, siendo por ello la segunda localidad que más constribuyó tras Albox, aparecen 403 personas; entre las primeras están don Simón Fuentes Caparrós, don Francisco Berruezo López y los hermanos don Pedro y don Francisco Berruezo Gerez, los principales sostenes del barcismo en el municipio.

Detalle de los primeros suscriptores de la extensa lista para Garrucha
Col. José Berruezo García


domingo, 18 de junio de 2017

Doña Eloísa López del Arenal, una velezana en el seno de la familia Berruezo


Posible retrato de Dña. Eloisa López del Arenal
Realizado por Adolfo en Garrucha hacia 1873
Col. José Berruezo García
Cortesía Dolores Peyrallo Pérez
Garrucha, 4 de febrero de 1872. A las 5 de la mañana de este día, en la Casa-palacio de la calle del Congreso nº43, hoy Paseo del Malecón, entregaba su alma a Dios doña Carmen Caravaca Hernández, esposa de don Manuel Berruezo Ayora, tras penosa enfermedad.

El patriarca de los Berruezo no podía creerse que su gran amor de juventud acabase de fallecer, la mujer que lo había visto forjarse como un gran empresario de éxito y la que lloró de felicidad aquel histórico primero de enero de 1861 cuando vio a su marido convertirse en el primer Alcalde de la naciente Garrucha. No podía imaginarlo, aunque la cruel e infrenable dolencia se la fuese arrebatando día a día, no podía entenderlo. Su bella Carmen, su dulce nijareña ya no iba a agarrarse de su brazo paseando, ya no iba a acompañarlo en sus viajes de negocios, ya no iba a ser su serenidad en tiempos de tempestades… Y es que el matrimonio Berruezo-Caravaca estuvo muy compenetrado, pues la imposibilidad de tener descendencia unió aún más a la pareja. Ambos debieron aceptar este destino y prueba de ello es que don Manuel Berruezo en su primer testamento, de 1864, asumió que no iba a tener hijos, ya que dejó como heredero de su imperio económico a una enigmática persona cuyo nombre se encontraba en un papel en el cajón de su despacho. ¿Quién sería el agraciado que iba a ostentar el mando de una de las Casas Comerciales más importantes del levante almeriense? Seguramente alguno de sus sobrinos, siendo don Francisco Berruezo López el candidato más firme de ellos, dada la relación y excelentes cualidades que tenía y demostró para el mundo empresarial. Otro hecho que avala esta hipótesis es que don Francisco era su hombre de confianza, hasta el extremo de otorgarle plenos poderes para la gestión de su boyante comercio e industria.

D. Juan Miguel del Arenal Fernández
Sin embargo, la muerte de su esposa cambiará su forma de pensar. La posibilidad de enamorarse y tener un descendiente directo volvió a su cabeza cuando su buen amigo, el rico propietario velezano y Diputado a Cortes, don Juan Miguel del Arenal Fernández, le presentó a su bella sobrina. Y así fue, el 3 de abril de 1873 Vélez Rubio se vistió de boda, don Manuel Berruezo Ayora contrajo matrimonio con doña Eloísa López del Arenal. Los contrayentes tenían 56 y 30 años, respectivamente. Ella era hija de D. Bartolomé López Díaz, oficial retirado de la Guardia Real, y Dña. Dolores del Arenal Fernández. Asimismo, era hermana de D. Diego María López del Arenal, abogado y comerciante aceitero que fue Alcalde de Vélez Rubio (1881-1883), Diputado Provincial y Gobernador Civil de Soria y Albacete. 

Ambos linajes se beneficiaban mutuamente de este enlace matrimonial. Los Berruezo tenían de esta manera una relación más allá de la amistad y los negocios con los Arenal, una de las familias más importantes de la comarca de los Vélez, mientras que éstos se emparentaban con una de las más influyentes y pujantes del levante almeriense. Pero no todo marchó como debió. Apenas un año después de haber contraído matrimonio, el 24 de abril de 1874, don Manuel Berruezo falleció en Garrucha de manera inesperada. Horas antes de su muerte, don Manuel, quizá influido por la creencia de un posible estado de buena esperanza de su mujer, revocó su primer testamento y testó nuevamente. En el mismo declaró que: “Si mi esposa actual librare felizmente de su embarazo y la prole naciere en las condiciones legales necesarias para serlo, viviendo el tiempo marcado por la ley, desde luego instituyo por mi heredero o por mis herederos al hijo o hijos que hubiere procreado en este matrimonio, debiendo serlo de todos mis bienes sin excepción alguna y por partes iguales si el parto es doble o triple.” En caso contrario, es decir, si no se produjese el natalicio de ningún infante, nombró por herederos a sus hermanos y a su esposa. Desgraciadamente para él, no nació ningún hijo y se cumplió esto último. Los hermanos Berruezo Ayora y doña Eloísa liquidaron todos los bienes del finado y se repartieron una millonaria herencia para la época, siendo la velezana la que obtuvo la mayor parte.

Tras un año escaso de matrimonio, doña Eloísa López del Arenal regresó a Vélez Rubio con una gran fortuna. La joven y rica viuda de don Manuel Berruezo no tardaría en casarse de nuevo, pues el 16 de diciembre de 1875 contrajo segundas nupcias con el propietario D. Juan Fernando Andreo Navarro. De este enlace sí que nacerán hijos y, además, andado el tiempo, se convertirán en personalidades de la vida pública de Vélez Rubio, pues fueron concejales del Ayuntamiento, aunque eso ya es otra historia.