jueves, 18 de enero de 2018

La vida de Alí Bey llega al cine


Imanol Arias (Sultán de Marruecos) y Rodolfo Sancho (Alí Bey) en un momento del rodaje. EFE

Este año 2018 se estrenará en los cines El sueño del Califa”, una película sobre la vida de Alí Bey, alias del gran aventurero, espía y arabista español don Domingo Badía Leblich. El film, dirigido por Soheil Ben Barka, es una producción italomarroquí que cuenta con la participación de actores españoles en papeles protagonistas, como Rodolfo Sancho, que interpreta al propio Alí Bey, o Imanol Arias, que da vida Mulay Sulaymán, Sultán de Marruecos.

La película, con un presupuesto de 15 millones de euros, se sitúa entre las más caras de la historia cinematográfica marroquí y se estrenará en unos 40 países y en 5 idiomas. Rodada entre Italia y Marruecos, abarcará históricamente desde 1804 hasta la muerte de Alí Bey en 1818, por lo que nos llevará, siguiendo las andanzas del personaje, por países como Francia, España, Inglaterra, Marruecos, Siria o Egipto.

Rodolfo Sancho como Domingo Badía (Alí Bey)
A tan singular personaje de la Historia de España le dedicamos en este blog dos artículos (Ver: Alí Bey y su relación con la familia Berruezo en Vera y Alí Bey, biografiado por D. Manuel Berruezo en 1865), pues conviene recordar que está emparentado con la familia Berruezo, ya que su esposa fue doña María Lucía Berruezo Campoy, con quien contrajo matrimonio en Vera (Almería) en 1791. Además, está vinculado indirectamente con Garrucha, pues su sobrino D. Pedro Berruezo Soler fue Alcalde de la villa en el siglo XIX, así como un hijo de éste, D. Juan Francisco Berruezo Torres.

Aunque la película cuenta con "licencias cinematográficas" (como un imaginario romance entre Alí Bey y Lady Hester Stanhope, la reina blanca de Palmira) para hacer más jugosa una historia ya de por sí fascinante, no cabe duda de que rescatará del olvido la apasionante figura histórica de D. Domingo Badía y lo traerá de nuevo a la actualidad, para que así pueda ser conocido por el público general. Además, según diversas notas de prensa, parece ser que, aparte de la película, productores de televisión han contactado con el director para hacer una serie sobre Alí Bey. Estaremos expectantes.


domingo, 7 de enero de 2018

La decadente Garrucha de finales de 1920


Vista de la playa y del Paseo del Malecón (entonces Paseo de Cánovas del Castillo) de Garrucha en 1926

A finales de 1920 la situación socioeconómica de Garrucha era más que preocupante. Un municipio que se reduce a un pequeño casco urbano, sin posibilidades de expansión territorial ni tierras cultivables, y donde su principal prosperidad económica dependía del comercio y las exportaciones mineras que realizaba por su rada, lo hacía tremendamente vulnerable a los posibles vaivenes de estas actividades. Y así fue. Cuando sus ingresos económicos mermaron notablemente a raíz de la práctica paralización de las actividades comerciales a industriales, como consecuencia de la Gran Guerra (1914-1918) y la posterior crisis económica de los años 20, la situación de la villa marinera fue crítica. Decenas de jornaleros que se dedicaban a la minería y la carga y descarga de buques quedaron sin trabajo en un breve periodo de tiempo, lo que se tradujo en una constante y progresiva emigración que dejó a Garrucha en un estado penoso. Entre 1910 y 1930, el municipio perdió algo más del 30% de su población, porcentaje éste que se irá incrementando conforme pasen los años y no se recuperará hasta finales del siglo XX.

La rica Garrucha decimonónica de los viceconsulados y los importantísimos hombres de negocios hacía tiempo que era un viejo fantasma del pasado. A la vista de la historia, los fundadores de Garrucha pecaron en cierto modo de ingenuidad, ya que construyeron un municipio artificial, poco viable económicamente por sí mismo, pues la insuficiente industria pesquera (sin un puerto refugio) lo hacía muy dependiente del entonces próspero comercio y la boyante industria minera para no desfallecer. Pero claro, quién iba a decirles a los próceres don Ramón Orozco y don Manuel Berruezo que la reluciente Garrucha de plata, plomo e hierro que constituyeron en 1861 iba a comenzar a desplomarse décadas después, cuando las riquezas minerales de las Sierras circundantes parecían entonces inagotables.

Sobre el decadente estado de Garrucha en 1926 nos da buena cuenta la prensa de la época, como se recoge a continuación:

Un pueblo que se desmorona

He aquí un pueblo que hace unos años tuvo vida próspera y luminosa, y hoy se desmorona poco a poco minado por todas las miserias.
Los fundadores de Garrucha fueron poco avaros y se conformaron con entrar en posesión de una pequeña franja de terreno, lo suficiente únicamente para levantar unas cuantas casas.
Fuera del recinto urbano, que se alinea frente al mar, a los aledaños de su hermosa playa abierta a todos los vientos, no posee el pueblo ni un centímetro de jurisdicción.
Cuando ha querido expansionarse ha tropezado en la parte Este con la jurisdicción de Vera, y al Oeste con la de Mojácar, y de aquí resulta que dos casas contiguas, estén separadas por los fueros de distintas municipalidades.
Para este pueblo los problemas de agricultura, y de riegos y sequías y de malas cosechas, es algo exótico que no les preocupa lo más mínimo.
Garrucha tiene su vida en el mar que se abre inmenso y libre ante el poblado, como una ideal jurisdicción de infinitas lejanías.
Antes llegaban muchos barcos a la carga de minerales, y cada uno de ellos dejaba entre los obreros de Garrucha una buena cantidad de pesetas, había plétora de vida.
Hoy las minas han paralizado sus explotaciones, y ya no vienen los barcos ni entran las pesetas que se derramaban por el pueblo como una lluvia de prosperidades.
Ahora todo ha quedado reducido a la pesca, pero he aquí que esta industria que, plenamente desarrollada, podría ser un paliativo, no puede contarse como un ingreso normal, porque no existe el más insignificante puerto de refugio, y al combatir los vientos, que son frecuentes, los pescadores no pueden salir al mar, aunque se mueran de hambre.
Garrucha se desmorona, se hunde, inicia su desaparición del mapa, por culpa de sus hijos, que aún no han aprendido a pedir con insistencia y con voluntad.
Si no se construye el puerto de refugio que han pedido, si esto se deja como la petición de un pueblo lejano sin pulso y sin vida. Garrucha no será un pueblo, será únicamente una colonia veraniega, propiedad de los pueblos limítrofes, en el invierno abandonado y silencioso, desmoronándose poco a poco minado por la miseria.

(Diario de Almería, 19 de marzo de 1926)

D. Bernado Berruezo Gerez
Cabe decir que ya en el siglo XIX no fueron pocos los prohombres de Garrucha que adivinaban, desde las alturas del esplendor económico, un trágico final para la villa si no se llevaban a cabo una serie de infraestructuras necesarias para asentar sólidamente la economía del municipio. Esencialmente éstas eran: la mejora y/o la construcción de una red de carreteras que comunicase a Garrucha de manera eficiente con los pueblos limítrofes; la construcción del ferrocarril de Lorca a Almería que, pasando por el levante almeriense, hubiese influido notablemente en la economía regional; y la realización del ansiado puerto, pues como se sabe, hasta entonces, toda la actividad marinera y de carga y descarga de buques se hacía por su playa. Para la consecución de estas infraestructuras, diversos garrucheros promovieron encendidas campañas desde finales del siglo XIX, como hizo de manera destacada el comerciante y periodista don Bernardo Berruezo Gerez, que desde la prensa solicitó incansablemente todas estas medidas redentoras para el municipio.

Sin embargo, la ejecución de todas estas demandas, que hubiesen dado un enorme dinamismo a la villa, llegaron muy tarde o simplemente no se realizaron por la desidia del Gobierno de Madrid. Aunque se mejoraron algo las carreteras con los años, el ansiado ferrocarril de Lorca a Almería nunca se construyó, pese a ser pedido tenazmente durante décadas, y el necesario puerto no se inició su construcción hasta 1931, a pesar de que fue solicitado al Ministro de Fomento cuarenta años antes, en 1888, siendo entonces Alcalde de Garrucha D. Francisco Berruezo López. En definitiva, lo poco que se hizo llegó a destiempo, cuando ya Garrucha había dejado de ser el pueblo próspero y rico que fue, cuando la mayoría de los grandes hombres de negocios, que hubiesen dado con su ingenio prosperidad a la villa, ya no estaban.


domingo, 17 de diciembre de 2017

La fracasada conspiración política contra D. Francisco Berruezo López en 1879


D. Francisco Berruezo López. 1864.
El 24 de abril de 1874 falleció en su casa-palacio del Paseo del Malecón don Manuel Berruezo Ayora, líder del partido Unión Liberal en Garrucha. Desde la fundación del partido en 1858 había acaudillado a esta facción política de corte centrista bajo cuyas filas se encontraban figuras tan destacadas de la historia local como don Bernardo Gerez Soler, don Pedro Berruezo Soler y jóvenes como don Francisco Berruezo López, don Cleofás Berruezo Castaño o don Miguel Sáez Rodríguez.

La muerte de D. Manuel Berruezo originó un vacío de poder entre los unionistas garrucheros, y fueron varios los candidatos que intentaron hacerse con la jefatura. Sin embargo, el relevo tras la muerte del patriarca político no fue sencillo, pues añadido a su fallecimiento vino también la desaparición de la Unión Liberal en 1874 y la integración de la mayoría de los unionistas, según sus intereses ideológicos, en los dos grandes partidos dinásticos surgidos en la Restauración Borbónica: el Liberal Conservador de Cánovas del Castillo y el Liberal Fusionista de Sagasta.

Todo parece indicar que el sucesor político de don Manuel Berruezo Ayora fue su sobrino, don Francisco Berruezo López, mano derecha de su tío y que ya con poco más de 30 años se había convertido en un consagrado y exitoso empresario. Sin embargo, sus adversarios políticos, tanto correligionarios como oponentes, no le pusieron fácil la sucesión e intentaron menoscabar la notoria influencia de la Casa Berruezo en la política garruchera. Probaron la determinación del joven Berruezo, su fortaleza ahora que ya no estaba la todopoderosa sombra de su tío, y lo que no imaginaban es que don Francisco Berruezo caminaba con pies de plomo, y que ningún viento, por fuerte que fuese, podía hacerlo caer, pues si aguerrido fue don Manuel Berruezo más aún lo fue su sobrino.

Vista panorámica de Garrucha a principios de siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain

En la sesión plenaria del 15 de junio de 1879 la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Garrucha, presidido por el conservador don Asensio Fernández Morán, acordó exonerar del cargo de concejal a don Francisco Berruezo López, Primer Teniente de Alcalde por aquel entonces. No cuesta imaginar la sonrisa de satisfacción de los conservadores, al haber eliminado políticamente con este acuerdo a un destacado opositor, y de traición de sus correligionarios, los liberales, que, promovidos por los concejales don Miguel Sáez y don Diego León Caparrós, habían consumado de esta manera la conspiración contra su “amigo”.

D. Miguel Sáez Rodríguez. Hacia 1880
Parece evidente que Sáez, antiguo empleado de la Casa Comercial de don Manuel Berruezo, buscaba con esto promocionarse, ya que, al neutralizar a Berruezo, podría con más facilidad ascender en su carrera política y hacerse con la jefatura del Partido Liberal. Por ello, en el citado Pleno rescató una vieja petición de dimisión que había solicitado don Francisco Berruezo en septiembre del año anterior, en la que aludiendo a la posible incompatibilidad de su cargo como concejal y Vicecónsul de Portugal solicitaba su cese como edil. Dimisión que entonces fue rechazada, por no existir tal incompatibilidad legal, y que ahora, a propuesta de D. Miguel Sáez, había sido aceptada de manera “extraña y anómala”, en ausencia y sin conocimiento del Sr. Berruezo.

Las discrepancias políticas entre Sáez y Berruezo parece ser que venían de antes y ya se habían puesto de manifiesto en un Pleno anterior, celebrado el 1 de junio de 1879, en el que se debatió sobre la incapacidad como edil de D. Ramón Cervantes Cervantes, concejal electo de Garrucha, ya que éste no era vecino de la villa sino residente en la misma. En la votación que se llevó a cabo don Francisco Berruezo votó a favor de su capacitación como concejal mientras que D. Miguel Sáez lo hizo en contra, junto a 5 de los 9 ediles, por lo que Cervantes quedó incapacitado como concejal.

Don Francisco Berruezo López quedó atónito ante el acuerdo de exoneración de su persona que había tomado el Ayuntamiento y procedió a actuar, pues como él dijo: “Preciso es por decoro defenderse”. Al día siguiente, 16 de junio, remitió a la Excma. Comisión Provincial de Almería el oportuno recurso de agravios para que el mencionado acuerdo no prosperase y fuese revocado; como él mismo diría: “Aparte de la improcedencia del acuerdo en su fondo, resulta en él con marcadísimo tinte de apasionamiento la irregularidad en la forma, pues para declarar la pérdida del cargo se da por supuesta una dimisión que hoy no existe”.

A esta traición política se va a unir la pérdida de un gran apoyo político para él, pues dicho día 16 murió su suegro, don Bernardo Gerez Soler, viejo político liberal y concejal en el momento de su fallecimiento, que había sido Alcalde en 1873 y uno de los padres fundadores de Garrucha, junto a don Manuel Berruezo Ayora, en 1861.

Pese a todo, D. Francisco Berruezo no se amilanó y prosiguió con su defensa política. Él mismo llegó a pensar, tratando de entender la conspiración, si tal felonía “¿será que habrá faltado a la idea de confianza que debe a sus colegas, o que no llena la alta misión que le está encomendada? Y si esto no es así, ¿de dónde ahora ese espíritu de justicia por atender esa incapacidad? ¿Cómo, pues, quienes tan celosos se muestran, no ven la viga en sus ojos para encontrar la mota en el ajeno, toda vez que el iniciador D. Miguel Sáez Rodríguez es Estanquero, y lo es también D. Diego León Caparrós? ”, como expuso en su escrito.

Aunque no se ha podido seguir documentalmente cómo acabaron estos hechos de manera concreta, pues el Archivo Municipal de Garrucha está en proceso de recuperación y catalogación, parece lógico pensar que D. Francisco Berruezo López logró imponerse a sus "conspiradores" y su forzada dimisión quedó en suspenso, ya que durante los años siguientes siguió siendo concejal, regidor síndico e incluso Alcalde de Garrucha de 1887 a 1889.

Sin lugar a dudas, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX el peso político de don Francisco Berruezo en Garrucha fue muy importante, siendo uno de los más firmes pilares locales sobre los que se asentaron Diputados liberales como Anglada o Barcia. Con los años, Berruezo avanzaría ideológicamente hacia un republicanismo posibilista, llegando a ostentar la jefatura de los republicanos. Asimismo, fue uno de los mayores apoyos de su hijo D. Pedro Berruezo Gerez como Alcalde de Garrucha largos años en el primer tercio del siglo XX. 


martes, 12 de diciembre de 2017

Garrucha, ¿una pequeña Gran Bretaña?



Vista panorámica de Garrucha a principios de siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain

En 1893 el vicecónsul inglés en Gijón escribió: “España está todavía muy atrasada en el desarrollo de sus recursos naturales, comerciales e industriales y no tiene muchas empresas privadas, por lo que ofrece pocas salidas a los jóvenes que desean seguir una carrera comercial; por consiguiente, el colocar a los hijos en la administración pública, la única salida posible para una mayoría de jóvenes, es una cuestión de gran importancia”.

No hemos de quitarle razón a la aseveración del diplomático en sentido general, aunque si hablamos de Garrucha lo cierto es que fue todo lo contrario. Lo que vivió este municipio del levante almeriense a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue inaudito, pues en pocos años multiplicó su población un 200% y vivió un gran esplendor económico gracias al comercio y la industria minera.

En cierto modo, Garrucha se aproximó más a la rica Gran Bretaña de la Era Victoriana que a esa España rural, atrasada y eminentemente agrícola que se abría paso lentamente en la Revolución Industrial. Además, las malas infraestructuras terrestres dio a Garrucha un cierto carácter de isla, pues casi toda su actividad comercial e industrial se llevaba a cabo través de su playa.

El escritor Carlos Dardé, en su libro Cánovas y el Liberalismo Conservador, menciona la diferencia entre la España y la Gran Bretaña de finales del siglo XIX, donde parafraseando a su homónimo, el escritor José Varela, menciona que, en oposición a lo que ocurría en nuestro país, en la Patria de Shakespeare “un intenso proceso de movilidad social discurría a través del mundo de la empresa privada, mercantil e industrial” mientras que la política era un “coto reservado a una aristocracia con sentido del deber y voluntad de servicio, persuadida de su natural autoridad y misión superior”. ¿Acaso estas palabras sobre la realidad británica no podrían extrapolarse con matizaciones a la Garrucha decimonónica? Sin lugar a dudas, sí.

No conviene olvidar que la constitución de Garrucha fue una realidad gracias a la gestión de grandes empresarios, principalmente los Berruezo y los Orozco, que, moviendo los oportunos hilos en Madrid, consiguieron la firma de Isabel II para emanciparla de su matriz, Vera. Desde ese momento, aquella acaudalada burguesía, tomó las riendas del pequeño pueblo marinero que se hacía cada vez más importante en el concierto de las ciudades españolas debido a su gran actividad comercial e industrial, llegando a competir con puertos tan importantes como Málaga, Santander o Vizcaya.

En pocos años Garrucha fue la Patria Chica de renombradas familias de empresarios, donde aparte de las consabidos Berruezo y Orozco, se establecieron los Anglada, Gea, Huelin, Calvet, Lengo, Labernia, Pecket, Moldenhauer o Fuentes, entre otros. El establecimiento de estas Casas Comerciales y la exportación minera (producto de la intensa actividad metalúrgica de las fundiciones ubicadas en la zona) por la rada de Garrucha trajo consigo una gran cantidad de trabajo, llegando a emplear a muchas personas.

Mientras que la política en Gran Bretaña era ostentada por una antigua aristocracia comprometida con el porvenir del país, en Garrucha, en sustitución de ésta, fue la burguesía que se había hecho rica al calor de la minería y el comercio quién asumió el control de la política local. Un compendio de ilustrados hombres de negocios que trabajaron por el bien del municipio. Particularmente notorio fue el caso de los Berruezo, que llegó a crear una auténtica dinastía de Alcaldes y a ser una de las familias que más se involucró política y económicamente en el desarrollo y la prosperidad de Garrucha. Fueron seis los miembros de esta familia que ocuparon la Presidencia del Ayuntamiento, desde el primer Alcalde que tuvo el municipio, don Manuel Berruezo Ayora, uno de los principales promotores de la constitución de Garrucha como villa independiente en 1861, hasta don Pedro Berruezo Gerez, hijo y nieto de Alcaldes, que ostentó el bastón de mando durante 15 años, hasta la llegada de la II República en 1931.

Pero esto no fue todo, parejo a estos importantes hombres de negocios afincados en Garrucha y a la relevante actividad económica del levante almeriense, se establecieron en el municipio Viceconsulados, Casinos, Teatros, Sociedades Culturales… e incluso una logia masónica. Además, en la estación de baños, Garrucha fue destino veraniego de muchos pueblos de Almería y Murcia. Todo ello, en suma, dio a Garrucha este toque tan distinto y cosmopolita que tanto la caracterizaba, lo que de alguna manera, hizo a la localidad tener más en común con la industriosa y culta Gran Bretaña que con la España cañí.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Florinda Alonso Berruezo, la jueza "roja" de Garrucha


Milicianas en la Guerra Civil Española

Comenzaba el verano de 1936 en Garrucha y la villa recibía la clásica afluencia turística de las boyantes familias de la región, que disfrutaban de la estación de baños en este pueblo marinero, cuando el Alzamiento militar de julio se produjo. Pocos de aquellos que disfrutaban de la playa, de los paseos por el Malecón, del Casino y de las Veladas Artísticas pensaban que una cruenta lucha fratricida que duraría tres años acababa de empezar en España.

Ante el crudo matiz que empezaba a tener el asunto, la mayoría de los veraneantes regresaron a sus lugares de origen, dejando a Garrucha sumida en un verano extraño y apático, donde la alegría y jovialidad propia de la estación estival dio paso a una gran incertidumbre y miedo. La Guerra Civil daba comienzo y el municipio permaneció hasta el final de la contienda bélica en zona republicana. 

En este ambiente incierto y cada vez más radicalizado fue donde se movió nuestra protagonista, Florinda Alonso Berruezo, que por aquel entonces rondaba los cincuenta años, era soltera, de ideología de izquierdas y perteneciente a una de las familias de comerciantes más destacadas de Garrucha, la Berruezo. Su tío fue el memorable Cleofás Berruezo Castaño, acaudalado hombre de negocios que fue Alcalde de Garrucha a finales del siglo XIX, Presidente del Casino y Agente Consular de Francia en la localidad y en Villaricos.

Comprometida con la causa republicana, fue el Alcalde socialista D. José Clemente quien le comunicó, el 18 de septiembre de 1936, que habían acordado nombrarla Jueza Municipal de Garrucha, cargo que se vio obligada a aceptar para que no la consideraran desafecta al Régimen, y en el que se mantuvo hasta febrero de 1938. 

Pese al apasionamiento ideológico de la Guerra y sus terribles consecuencias con muertos en uno y otro bando, Florinda Alonso Berruezo no se dejó arrastrar, como sí ocurrió con otras milicianas de la localidad, hacia el camino del odio y la violencia. Prueba de ello fue que, haciendo uso de su autoridad como Jueza Municipal y miembro de la directiva del Partido Comunista de Garrucha, llegó a ingeniárselas para facilitar avales a personas de derechas para que pudiesen marchar al extranjero, y todas las noches cobijaba en su domicilio a jóvenes temerosos de ser detenidos y fusilados, pues algunos de ellos eran hijos de significados derechistas o católicos presos en la cárcel que había habilitado el Comité Revolucionario en el Paseo del Malecón.

Sin embargo, su valentía y temeridad terminó por pasarle factura, pues al esconder a una maestra fue descubierta por sus camaradas. Automáticamente fue expulsada del Partido Comunista e incluso quisieron detenerla.

Cuando las tropas nacionales tomaron Garrucha a finales de marzo de 1939, una de las primeras represalias que tomaron contras las milicianas (entre las que se encontraba Florinda) fue raparles la cabeza para escarnio y humillación pública. Asimismo, en mayo de 1939 el cabo comandante del puesto de la Guardia Civil de Garrucha ordenó su detención bajo la acusación de haber sido comunista y Jueza Municipal durante la Guerra. Sin embargo, Florinda logró huir del municipio, refugiándose en diversas localidades como Baeza o Barcelona, donde tenía familiares. Finalmente, detenida el 19 de septiembre de 1940, fue juzgada y sentenciada el 27 de febrero de 1941 a 6 años y un día de prisión, siendo encarcelada en la Prisión Provincial de Almería. Poco más de 5 meses después de dictada la sentencia, el Ministerio de Justicia le concedió la libertad condicional por Orden de 2 agosto. 

Florinda Alonso Berruezo es uno de esos ejemplos de que en tiempos de guerra, cuando sale lo peor del ser humano, cuando la oscuridad se cierne sobre la humanidad, también hay personas que priman la vida por encima de las ideologías políticas.

Firma de Florinda Alonso Berruezo