sábado, 21 de abril de 2018

Pedro Gea, el hombre de la plaza más famosa de Garrucha



Pedro Gea López-Teruel
(www.dipalme.org)
La plaza Pedro Gea quizá sea la más emblemática de Garrucha. Su céntrica ubicación al lado del Ayuntamiento la convierte en lugar de paso diario y todo garruchero o forastero que pasee por las calles del pueblo ha caminado por ella. Pero, ¿quién fue el hombre que se esconde detrás del nombre de la plaza? ¿Quién fue Pedro Gea y qué hizo para que tenga un lugar tan privilegiado en Garrucha?

La figura de Pedro Gea López-Teruel (Vélez Rubio, 1852) pertenece a los años dorados de la Garrucha minera, a la época de esplendor garruchero. Hijo del comerciante D. Francisco de Gea Blanco y Dña. Marcela López-Teruel Munuera, se crio en la villa marinera de la incesante actividad comercial e industrial. Aunque estudió medicina en Valencia, no ejerció más allá de colaboraciones puntuales con la Junta de Sanidad Municipal y continuó el negocio familiar, comerciando con carbón, petróleo y maderas, principalmente. También fue banquero y consignatario de buques e incluso llegó a ejercer en algunas ocasiones como Vicecónsul inglés.

Pero Pedro Gea no es recordado por su labor empresarial sino por el cariño que siempre profesó a su querida Garrucha.

Con los años se convirtió en uno de los pilares fundamentales del pueblo. A lo largo de su vida impulsó y perteneció a toda asociación que buscase el progreso y la prosperidad de Garrucha y su comarca. Pero Gea, pese a ser miembro fundamental de todas ellas, fue un hombre discreto y nunca quiso ocupar puestos relevantes, siempre se mantuvo en un segundo plano, aunque influyendo de manera destacada. Asimismo, Pedro Gea fue redactor de periódicos locales como El Eco de Levante, donde se defendían los intereses de Garrucha y el levante, y fundó la revista Ideal en 1915, dedicada al arte, la literatura y el deporte. También hizo sus pinitos como poeta, aunque de manera aficionada.

Dedicatoria realizada  por los autoresen la Monografía
Histórica de Garrucha a Pedro Gea en 1920
Un aspecto reseñable de Pedro Gea fue su profundo conocimiento de la historia de Garrucha, al punto de que comenzó a divulgarla en artículos que a modo de folletín publicaba en su revista. Sin embargo, la desaparición de ésta dejó inconclusa la narración histórica. No obstante, estos escritos sirvieron de base a los autores Ramón de Cala López y Miguel Flores González-Grano de Oro para escribir la monografía histórica Garrucha, publicada en 1921 y dedicada explícitamente a Gea.

Excelso prohombre de la Garrucha de su tiempo, no es de extrañar que en 1923, dos años después de su muerte, el Ayuntamiento acordase ponerle su nombre a la Plaza más destacada del pueblo. Así se recogió en su momento:

“Por Don Antonio García Ramallo se manifiesta que teniendo presentes las virtudes cívicas que atesoraba el que fue vecino de esta villa, hoy difunto, Don Pedro Gea López-Teruel, consideraba que también era acreedor a que su memoria fuese recordada, proponiendo que la "Plaza de Abastos" que hoy lleva este nombre sea relevado por el de "Plaza de Pedro Gea". El Ayuntamiento atento a lo expuesto por el señor García Ramallo por unanimidad y con grata satisfacción reconoce que es justo el título con el que se honra la memoria del buen patriota D. Pedro Gea López-Teruel, y del mismo modo acuerda aceptar la proposición hecha.”
(Actas capitulares. Garrucha, sesión de 28 de octubre de 1923)


miércoles, 18 de abril de 2018

Cuando el Ayuntamiento republicano de Garrucha solicitó el sueldo de Alfonso XIII



Alfonso XIII
Hace unos días se ha cumplido el 87º aniversario de la proclamación de la II República. Aquel 14 de abril de 1931, la mayor parte de la población celebró en un primer momento el cambio de régimen con la esperanza de que la naciente España republicana trajera consigo prosperidad y soluciones a un país sumido en una notoria crisis social, económica y política.

Aunque en las capitales de provincia ganaron ampliamente las candidaturas republicanas en aquellas trascendentes elecciones municipales del 12 de abril, en los pueblos, donde el voto era más controlado, el triunfo mayoritario fue para los partidos dinásticos. Tal fue el caso de Garrucha, donde en un primer momento ganó la coalición monárquica, siendo elegido Alcalde el veterano y popular político D. Pedro Berruezo Gerez. Sin embargo, su nombramiento como primer regidor de la era republicana fue efímero, pues el 22 de abril se hizo cargo del gobierno municipal de manera interina una Comisión Gestora Republicano Socialista. Esta interinidad se mantuvo hasta la elección de un nuevo Ayuntamiento (afín a los intereses republicanos del momento) el 5 de junio de 1931, siendo designado Alcalde el médico socialista D. Alberto Martínez Álvarez de Sotomayor.

El nuevo Consistorio tuvo que lidiar con una difícil situación que venía arrastrando el municipio desde hacía años. A destacar, el gran paro obrero que existía Garrucha y la falta de ingresos municipales con los que acometer obras para el mejoramiento de la villa. Ante esta tesitura, a propuesta del concejal socialista D. José Clemente Vidal, en la sesión plenaria del 11 de junio de 1931, el Ayuntamiento acordó «interesar del Gobierno Civil se remita a este Ayuntamiento la cantidad que le haya correspondido de los sueldos devengados por el ex rey, al objeto de hacer algunas obras públicas municipales, que son necesarias, y dar empleo a obreros parados».

Surtiera o no efecto la anecdótica solicitud, lo cierto es que en esos días el Ministerio de Gobernación remitió mil pesetas al Ayuntamiento para mitigar el paro obrero. Recibido el dinero, el Consistorio acordó destinar esta cuantía a «la realización de una limpieza de todas las calles del pueblo, que en algunos sitios se encuentran llenas de escombros de casas caídas, quitando de las mismas todas las piedras y, si hecha esta obra quedara algún remate, se dedicase al arreglo de alguna calle, pero que la obra sea de la que exija poco material y muchos jornales.»



domingo, 15 de abril de 2018

El primer teléfono de Garrucha (1902)



Presentación del teléfono de Bell en Filadelfia, 1876.
(https://cdn.tgdd.vn/Files/2015/06/26/659903/graham-bell-phone-call-600x400.jpg)

En 1876 el escocés Alexander Graham Bell patentó el primer teléfono. Poco tiempo después los países desarrollados del mundo empezaron a introducir este novedoso invento que revolucionaría los medios de comunicación hasta entonces establecidos.

España, a diferencia de lo que había ocurrido con el ferrocarril o el telégrafo, fue una de las naciones pioneras en contar con este aparato. Meses después de patentarse, la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona adquirió el teléfono de Bell y la empresa Francisco Dalmau e Hijo comenzó su comercialización. En 1886 contaba el país con mil teléfonos, cifra que se iría aumentando de manera notable en los años siguientes.

En un primer momento las líneas telefónicas se establecieron principalmente entre particulares o instituciones públicas. Posteriormente, y con las oportunas mejoras tecnológicas, se implementaron las redes urbanas e interurbanas, aunque el despegue del uso del teléfono fue lento a finales del siglo XIX, pues el Estado protegía aún el telégrafo, cuya titularidad era generalmente estatal.

En 1921 España tenía 60.350 teléfonos. Sin embargo, la distribución geográfica no era pareja, siendo las grandes ciudades como Madrid (11.024) o Barcelona (17.206) las que acaparaban la mayoría de los abonados. Respecto a la situación de Andalucía, se ve en la figura 1 la distribución telefónica por provincias en ese año. En dicha figura 1 se observa como Almería es la Provincia andaluza donde existían menos abonados, 298. Un dato más que se añade a la tradicional depresión y abandono que sufrió Almería, donde el progreso tardaba en llegar y establecerse, pese a haber sido durante décadas unos de los focos industriales y comerciales más importantes de España.

Figura 1: Distribución de abonados en Andalucía, 1921.
(Fuente: El teléfono en España antes de Telefónica (1877-1924). Autor: Ángel Calvo Calvo)

Con respecto a la situación de Garrucha, no fue hasta la década de 1920 cuando se estableció el definitivo tendido telefónico, aunque limitado a comunicaciones con los pueblos circundantes. No obstante, en la primavera de 1902 la compañía Chávarri, que explotaba las minas de hierro de Bédar, instaló el que es considerado el primer teléfono de Garrucha. El hilo telefónico se estableció para poner en comunicación su estación minera de Tres Amigos, en la Sierra de Bédar, con la de la Marina de la Torre, en la playa garruchera. La instalación estuvo dirigida por el electricista D. Mateo Salas.

Nota de El Eco de Levante (Garrucha, 30/4/1902)


jueves, 12 de abril de 2018

La Hermandad del Nazareno y la Virgen de los Dolores de Garrucha cumple 150 años



Procesión en Garrucha durante su Semana Santa, hacia 1930. Al fondo pueden verse
los tronos de San Juan y de la Virgen de los Dolores en el Paseo del Malecón.

Tal día como hoy de hace 150 años se constituyó en Garrucha la actualmente conocida como Real, Ilustre y Antigua Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.

Garrucha, que se había constituido como municipio independiente en 1861, no tenía en sus primeros años de emancipación una Semana Santa propia, por lo que llegados los días de Pasión los garrucheros se trasladaban a los municipios circundantes para contemplar las diversas procesiones.

Hubo que esperar hasta 1868 para que Garrucha comenzara a configurar su Semana Santa, coincidiendo con la terminación de la construcción de la Iglesia al edificarse su torre. Así pues, el 12 de abril de dicho año, canalizando el sentir cofrade de muchas familias de la población se constituyeron, bajo un mismo Estatuto, «dos asociaciones con la advocación de Ntro Padre Jesús de Nazareno y María Santísima de los Dolores, que se veneran en esta Sta Iglesia». Los firmantes de este histórico documento fueron el Cura coadjuntor de la Iglesia D. Eusebio Francisco Sáez, D. Francisco Berruezo López y su primo D. José Segura Berruezo.

Desgranando algunos aspectos de ese primer Estatuto se establecía que de cara a la salida procesional, aparte de los cargos de Hermano Mayor, Mayordomo y Secretario, se nombrarían dos Ayudantes y dos Cuadrilleros para ayudar a dirigir la estación de penitencia. Asimismo, el Hermano Mayor portaría la banderola, el Secretario la bandera y el Mayordomo el báculo, «y con el mismo los Ayudantes con dichas insignias para dirigir y llevar con el mejor orden la procesión.» Asimismo, se comentaba que el Jueves Santo por la tarde haría su procesión San Juan Evangelista, el Viernes Santo por la mañana el Nazareno y por la tarde la Virgen de los Dolores.

Virgen de los Dolores de Garrucha, 1905.
Imagen mariana perdida en la Guerra Civil
(Extraída del libro "Memoria histórica, fotográfica y
documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II) 
La cuota anual que debían pagar los hermanos era de 5 reales, debiendo ser satisfecha entre el miércoles de ceniza y el Jueves Santo en vistas a poder hacer frente a los gastos de procesión y culto. También para ayudar a los gastos de cera y demás necesario que se originase se establecía que el Jueves Santo el Hermano Mayor pediría limosna por el pueblo, el Viernes Santo lo haría el Secretario, el Sábado Santo el Mayordomo, el Domingo de Resurrección los Ayudantes, y el Lunes los Cuadrilleros, así como en cualquier época del año por el Mayordomo acompañado de cuantos hermanos considerase necesario.

Por otro lado, todos los Lunes de Pascua de Resurrección se celebraría Junta de socios en la que se daría cuenta de la recaudación hecha, inversiones, etc, y se procedería a la elección de la nueva Junta de Gobierno a excepción de los Ayudantes, que serían los Cuadrilleros del año anterior.

Un aspecto curioso de este primigenio Estatuto era que «cuando un socio fallezca será acompañado por doce consocios con igual número de luces al cementerio con bandera de la asociación, haciéndose extensivo a su esposa e hijos, siempre que se hallen en la misma casa.»

Fueron poco más de un centenar los primeros socios o hermanos, entre los que se encuentran apellidos conocidos de la historia local como Berruezo, Calvet, Anglada, Segura, Giménez de Kirkpatrick, Lengo, Gerez, Rosa, Quesada, Cervantes, López, Cano, Soler, etc.

Hoy, 150 años después, la decana de las Hermandades de Garrucha ha pasado por altibajos a lo largo del tiempo, aunque el más duro e irreparable de todos ocurrió en 1936 cuando perdió, pasto de intencionadas llamas, a sus Sagrados Titulares, así como todos los enseres, ornamentos, tronos y demás patrimonio cofrade que poseía. Tras la Guerra Civil, poco a poco fue recuperándose con la incorporación de nuevas imágenes, como la de la Virgen de los Dolores en 1948 y la del Nazareno al año siguiente, así como de nuevo patrimonio hasta llegar a la configuración actual.


domingo, 8 de abril de 2018

D. Manuel Berruezo y la minería de Oria


Vista de Oria en primer término y las sierras circundantes, en la actualidad.
(Foto extraída de www.rutasserranas.net)

Cuando se habla de minería en Almería en el siglo XIX, a los que nos apasiona la historia del levante almeriense siempre se nos viene a la mente dos nombres principales: Sierra Almagrera y Bédar. No obstante, otros municipios de la Provincia también vivieron su particular esplendor minero, como fue el caso del municipio que nos concierne en este artículo: Oria.

Oria, y específicamente su Sierra, contiene menas de diversos minerales tales como plomo, hierro, zinc, cobalto o cobre. Este término municipal, encuadrado en el Valle del Almanzora, tuvo su época dorada minera desde mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX. La localidad, cuyas rentas principales estaban basadas en la agricultura, vio como la minería podía suponer una inyección de prosperidad a su economía. Sin embargo, el sueño orialeño minero fue efímero, pues las minas fueron, en general, explotadas a pequeña escala, motivado principalmente por el elevado coste de explotación y la inexistencia de adecuadas vías de comunicación, lo que encarecía y dificultaba su comercialización. Toda esta sinergia acabó por hacer a las minas de Oria inviables desde un punto de vista económico, a pesar de que en su época se intentó, sin éxito, mejorar la red de comunicaciones con la construcción de un ferrocarril que uniera Zurgena con Garrucha, para así facilitar la exportación mineral por la playa garruchera, ya que de esta manera se hubiera abaratado a la mitad los costes de transporte. Nunca llegó a realizarse, como tantas otras sensatas demandas que condenaron a muchos pueblos a una terrible agonía económica y demográfica.

En plena época dorada de la minería almeriense, D. Manuel Berruezo Ayora llegó a poseer y/o tener intereses en la década de 1850 en, al menos, cinco minas ubicadas en el término municipal de Oria: Deseada, Seis Hermanos, Triunfador, Niño-Dios y Virgen del Carmen. Gracias a los protocolos notariales conservados en el Archivo Histórico Provincial de Almería podemos conocer un poco del discurrir histórico de las minas Deseada, Seis Hermanos y Niño-Dios, siendo desconocido el bagaje de las otras dos por el momento.

Malaquita
Las minas Deseada, Seis Hermanos y Niño-Dios eran de cobre. Fueron muchos los yacimientos cobrizos que se explotaron en Oria, fundamentalmente eran de malaquita (Cu2CO3(OH)2), aunque también había, pero en menor medida, azurita (Cu3(CO3)2(OH)2).

La mina cobriza Deseada fue demarcada por D. Miguel de Liria Prieto, vecino de Olula del Río, el 31 de octubre de 1850 en el barranco de la Melera, en el término de Oria. Dispuesto a explotar la citada mina constituyó sociedad para tal efecto compuesta por 50 acciones. En noviembre de 1851 se le asociaron con la compra de 40 acciones los siguientes capitalistas, cuya distribución fue: D. Manuel Berruezo Ayora (20 acciones), D. Guillermo H. Huelin Newmann (8 acciones), D. José Lormann (7 acciones) y D. Juan de la Cruz Sánchez (5 acciones), quedándose Prieto las 10 restantes. De esta manera, don Manuel Berruezo se convirtió en el máximo accionista de la sociedad, asumiendo además la dirección de la explotación de la mina.

Al año siguiente, en 1852, D. Miguel de Liria Prieto, aludiendo falta de recursos con los que hacer frente a la contribución económica que le correspondía como segundo mayor accionista, cedió a D. Manuel Berruezo Ayora 6 de sus 10 acciones bajo la condición de que éste costease las otras cuatro que quedaron en poder de Prieto. Así pues, Berruezo se hacía de esta manera con 26 de las 50 acciones.

La mina Deseada tuvo que ser muy prometedora y su explotación tuvo que ir a buen ritmo, puesto que el valor de las acciones en apenas dos años incrementó su cuantía de manera muy notoria, nada que menos un ¡12500%!

Sin embargo, don Manuel Berruezo, que a lo largo de su vida se caracterizó por tener buen olfato para los negocios y particularmente en la minería fue un cierto oráculo pues profetizó en los albores de la explotación del hierro en Bédar que sería la nueva ambrosía de la minería del levante almeriense, es posible que atisbara los problemas y limitaciones que a medio plazo iba a tener las explotaciones mineras de Oria. Quizá motivado por esto y aprovechando el cenit de la explotación, decidió en abril de 1853 vender todas sus acciones de la mina Deseada. La sociedad mercantil Orozco y Bustos, perteneciente a D. Juan Antonio Orozco Segura y D. José Bustos González, le compró 24 acciones, y el particular D. Miguel González Giménez las otras dos restantes. Por esta operación obtuvo grandes beneficios, pues en dos escasos años de trabajo pasó de haber comprado acciones a precio irrisorio a vender a precio de oro, lo que denota su carácter y valía como empresario.

También en ese mismo mes y año vendió en partes iguales la inexplotada mina Seis Hermanos, que lindaba con la mencionada Deseada, a la sociedad Orozco y Bustos, y a D. Guillermo H. Huelin.

Por otro lado, y probablemente con el objetivo de repetir la operación realizada con la mina Deseada, don Manuel Berruezo adquirió la mina Niño-Dios, que había sido registrada el 20 de mayo de 1853 por D. José Fernández Najar, vecino de Cantoria. En junio de 1853 constituyó compañía para la explotación de la citada mina, ubicada en el paraje del Royo de Medina, término de Oria. La sociedad, compuesta de 50 acciones, tuvo como primeros socios a los vecinos de Albox D. Luis González Navarro (12 acciones) y D. Celestino Lafon Rame (12 acciones), reservándose de nuevo Berruezo, como principal accionista (26 acciones), la dirección y gestión de la mina. La explotación debió ser prometedora pues al año siguiente, en junio de 1854, la familia Orozco se asoció también. Así pues, don Manuel Berruezo vendió 18 de las 26 acciones que poseía a la Casa de comercio D. Ramón Orozco e hijo, convirtiéndose de esta manera D. Ramón Orozco en el accionista mayoritario de la sociedad, quedándose Berruezo una participación de 8 acciones. El devenir que tuvo la compañía a partir de este momento nos es desconocido por ahora.

Lo expuesto en este artículo son sólo unas pinceladas que ponen de manifiesto la intensa actividad minera que vivió Almería más allá de las consabidas Sierra Almagrera o Bédar, y denota que empresarios levantinos tan importantes como Orozco, Berruezo o Huelin participaron de manera relevante en otros cotos mineros de la provincia.