miércoles, 29 de noviembre de 2017

Florinda Alonso Berruezo, la jueza "roja" de Garrucha


Milicianas en la Guerra Civil Española

Comenzaba el verano de 1936 en Garrucha y la villa recibía la clásica afluencia turística de las boyantes familias de la región, que disfrutaban de la estación de baños en este pueblo marinero, cuando el Alzamiento militar de julio se produjo. Pocos de aquellos que disfrutaban de la playa, de los paseos por el Malecón, del Casino y de las Veladas Artísticas pensaban que una cruenta lucha fratricida que duraría tres años acababa de empezar en España.

Ante el crudo matiz que empezaba a tener el asunto, la mayoría de los veraneantes regresaron a sus lugares de origen, dejando a Garrucha sumida en un verano extraño y apático, donde la alegría y jovialidad propia de la estación estival dio paso a una gran incertidumbre y miedo. La Guerra Civil daba comienzo y el municipio permaneció hasta el final de la contienda bélica en zona republicana. 

En este ambiente incierto y cada vez más radicalizado fue donde se movió nuestra protagonista, Florinda Alonso Berruezo, que por aquel entonces rondaba los cincuenta años, era soltera, de ideología de izquierdas y perteneciente a una de las familias de comerciantes más destacadas de Garrucha, la Berruezo. Su tío fue el memorable Cleofás Berruezo Castaño, acaudalado hombre de negocios que fue Alcalde de Garrucha a finales del siglo XIX, Presidente del Casino y Agente Consular de Francia en la localidad y en Villaricos.

Comprometida con la causa republicana, fue el Alcalde socialista D. José Clemente quien le comunicó, el 18 de septiembre de 1936, que habían acordado nombrarla Jueza Municipal de Garrucha, cargo que se vio obligada a aceptar para que no la consideraran desafecta al Régimen, y en el que se mantuvo hasta febrero de 1938. 

Pese al apasionamiento ideológico de la Guerra y sus terribles consecuencias con muertos en uno y otro bando, Florinda Alonso Berruezo no se dejó arrastrar, como sí ocurrió con otras milicianas de la localidad, hacia el camino del odio y la violencia. Prueba de ello fue que, haciendo uso de su autoridad como Jueza Municipal y miembro de la directiva del Partido Comunista de Garrucha, llegó a ingeniárselas para facilitar avales a personas de derechas para que pudiesen marchar al extranjero, y todas las noches cobijaba en su domicilio a jóvenes temerosos de ser detenidos y fusilados, pues algunos de ellos eran hijos de significados derechistas o católicos presos en la cárcel que había habilitado el Comité Revolucionario en el Paseo del Malecón.

Sin embargo, su valentía y temeridad terminó por pasarle factura, pues al esconder a una maestra fue descubierta por sus camaradas. Automáticamente fue expulsada del Partido Comunista e incluso quisieron detenerla.

Cuando las tropas nacionales tomaron Garrucha a finales de marzo de 1939, una de las primeras represalias que tomaron contras las milicianas (entre las que se encontraba Florinda) fue raparles la cabeza para escarnio y humillación pública. Asimismo, en mayo de 1939 el cabo comandante del puesto de la Guardia Civil de Garrucha ordenó su detención bajo la acusación de haber sido comunista y Jueza Municipal durante la Guerra. Sin embargo, Florinda logró huir del municipio, refugiándose en diversas localidades como Baeza o Barcelona, donde tenía familiares. Finalmente, detenida el 19 de septiembre de 1940, fue juzgada y sentenciada el 27 de febrero de 1941 a 6 años y un día de prisión, siendo encarcelada en la Prisión Provincial de Almería. Poco más de 5 meses después de dictada la sentencia, el Ministerio de Justicia le concedió la libertad condicional por Orden de 2 agosto. 

Florinda Alonso Berruezo es uno de esos ejemplos de que en tiempos de guerra, cuando sale lo peor del ser humano, cuando la oscuridad se cierne sobre la humanidad, también hay personas que priman la vida por encima de las ideologías políticas.

Firma de Florinda Alonso Berruezo


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