miércoles, 28 de febrero de 2018

Restaurando el pasado



El paso del tiempo no perdona a nadie y menos aún si tenemos en cuenta las fotografías centenarias. Salvo contadas ocasiones en las que llegan hasta nuestros días fotos en buen estado, lo normal es que el transcurrir de los años, unido a una mala conservación, haya dañado las fotos. Manchas, roturas, pérdida de intensidad de color, etcétera son una constante que le arrebatan todo su esplendor original y, en cierto modo, dignidad a las personas en el caso de los retratos.

Por suerte, vivimos en la era digital y la restauración de fotografías se puede acometer de manera sencilla con diversos programas informáticos. Lógicamente, cuanto más avezados estemos en el uso de estas herramientas, mejor nos quedará el resultado final. Sin embargo, con unos conocimientos básicos, práctica, sensibilidad y ganas de realizar un trabajo sensato y bien hecho se pueden conseguir mejoras como la que se muestra en la Figura 1.

Figura 1: El antes y el después de la restauración del retrato
de Conchita Berruezo Cánovas. Hacia 1920

Col. José Berruezo García
Una máxima de todos los que nos gusta la Historia es no manipular, bajo ningún concepto, los objetos que nos han llegado, respetando así su bagaje histórico y no afectando de esta manera a su valor. Sin embargo, como se trata de trabajar sobre copias digitales, no cometemos ningún “atentado”, pues no incidimos en ningún caso sobre la fotografía original en sí misma.

Bajo nuestra opinión, merece la pena restaurar las fotografías dañadas no ya por el hecho de rescatar nosotros mismo su dignidad, que también, sino de cara a su publicación, pues, salvo que se trate de exhibir exprofeso los originales en alguna obra o exposición, van a ilustrar y embellecer más los textos mostrar la fotografía como fue en origen, con toda su esencia, con toda su belleza. En este sentido, una foto deteriorada que acompaña a un texto, aunque va a mostrar evidentemente su antigüedad (lo que a veces se pretende), puede incidir negativamente, pues la distracción del lector va a ir más encaminada a examinar lo mal conservada que está la foto que a centrarse en el contenido textual. No obstante, y como suele decirse: para gustos los colores.


jueves, 22 de febrero de 2018

El día que Ulysses S. Grant llegó a Almería


Ulysses S. Grant, hacia 1877
(https://www.flickr.com/photos/housedivided/5554367364)
En mayo de 1877 el 18º Presidente de los Estados Unidos, el General Ulysses S. Grant, comenzó una gira mundial que le ocupó dos años. En su periplo europeo visitó España y estuvo en Almería, aunque de manera un tanto peculiar, como veremos.

Durante su segundo mandato (fue reelegido en 1872) al frente del país, se descubrió un oscuro entramado de corrupción y tráfico de influencias que involucró a algunos miembros de su Gobierno y de sus familiares en temas relaciones principalmente con la construcción de ferrocarriles. Terminada su presidencia en 1877, y con unas cotas de popularidad bajísimas, decidió emprender, junto a su esposa, el citado viaje, aunque más que por afán aventurero por la necesidad de poner tierra de por medio y no regresar hasta que se hubieran calmado un poco los ánimos. Sin embargo, lo que en principio concibió como un tour privado, como un mero ciudadano, fue casi imposible, pues la relevancia del personaje hizo que fuese recibido y agasajado por las más altas instituciones de los países que visitaba.

Tras estancias en Reino Unido, Alemania, Holanda, Suiza, Italia, Austria, Rusia, Turquía, Grecia, Egipto, Polonia, Austria y Francia, llegó a España en el otoño de 1878. Fue recibido en San Sebastián por D. Emilio Castelar, expresidente de la I República, y en Vitoria por el Rey Alfonso XII, que lo invitó a asistir a unas maniobras militares, concediéndole además el título honorífico de Capitán General del Ejército Español. El 18 de octubre llegó a Madrid y visitó a la Familia Real, así como diversos museos de la capital, particularmente le interesó el Prado. También visitó la ciudad imperial de Toledo. El 27 del mismo mes, cruzó a Portugal para conocer Lisboa, siendo agasajado por los Reyes lusos. Pocos días después volvió a España y visitó diversas provincias andaluzas como Sevilla, Córdoba, Cádiz y Granada, donde vio la Alhambra el 20 de noviembre. Tras su estancia en la ciudad nazarí, llegó a Málaga para embarcarse rumbo a Barcelona en el vapor Laffite.

En su viaje hacia la ciudad condal tocó puerto en Almería el 24 de noviembre de 1878, aunque no quiso desembarcar ni tampoco que las autoridades locales subiesen a bordo para saludarlo, aludiendo a que como viaja de incógnito quería que «no se le molestase con ceremonias inútiles ni recepciones ociosas». Poca consideración tuvo el afamado General unionista de la Guerra de Secesión con Almería, y lo cierto es que a Grant no le gustó demasiado España, pues, aunque le encantó lo poco de Andalucía que visitó, se quejó del subdesarrollo que a su juicio tenía nuestro país, resultándole particularmente incómodo los viajes en tren y se asombró de la nula integridad de la clase dirigente.

Tras su periplo europeo, marchó a Asia, regresando de manera triunfal a Estados Unidos en septiembre de 1879. Sin embargo, el elevado coste de la gira mundial y malos negocios que realizó lo habían arruinado; sólo con el contrato para la publicación de sus memorias poco antes de morir en 1885 pudo resarcir su economía.


viernes, 16 de febrero de 2018

Cuando Almería lloró la muerte de Isaac Peral, inventor del submarino


D. Isaac Peral, inventor del submarino
(Extraída de wikipedia)
El 22 de mayo de 1895 fallecía en Berlín el inigualable genio, luz de la ciencia, D. Isaac Peral, inventor del submarino, como consecuencia de las complicaciones derivadas de una operación a la que se sometió en Alemania para tratar su cáncer de piel. Su vida se sumergió a edad temprana, a los 43 años.

El hombre cuyo invento pudo situar la fuerza naval española a la vanguardia de las Armadas de los países más potentes del mundo fue víctima de un oscuro complot, urdido por manos nacionales y extranjeras, que involucró al Gobierno y a altos cargos de la Marina, y que privó inexplicablemente a España de ser la primera Nación en contar con la poderosa arma del submarino. Para más inri, no sería hasta 1916 cuando la Armada Española incorporó su primer sumergible (nombrado Isaac Peral), de manufactura estadounidense, más de 25 años después de que se desechara de manera injusta e intencionada el prototipo de Peral, que hubiera situado a España a finales del siglo XIX en una posición hegemónica respecto a los países más desarrollados del mundo.

Sin embargo, y pese a toda la campaña difamatoria que sufrió, D. Isaac Peral fue un héroe para el pueblo, que vio en él al Mesías que podía hacer emerger a España de las oscuras profundidades abisales en que se encontraba tras una desastrosa centuria.

La prensa almeriense, que había seguido con interés las exitosas pruebas del submarino y apoyado al inventor, dedicándole en su momento extensos artículos, recogió la noticia de su fallecimiento el 25 de mayo, tres días después de su óbito, aunque apenas fue una escueta nota informativa. No fue hasta el día 28 cuando La Crónica Meridional de Almería publicó una sentida necrológica, así como una reseña sobre la vida de Peral que publicó el 29 de mayo. A continuación se transcriben:

Don Isaac Peral
Como ya por telégrafo anunciamos, el ilustre cartagenero, el sabio electricista D. Isaac Peral, gloria de España que hizo resonar su nombre en todas las naciones del mundo, ha fallecido en Berlín.
El pueblo que un día se enorgulleció con tener entre sus hijos al inventor del submarino, llora hoy amargamente la ausencia del sabio que enterró con él lo que podía habernos puesto a la cabeza de todas las naciones, trayendo consigo la esplendorosa nota del progreso más grande, más ideal que pudo imaginarse.
Pocas figuras se registran en la historia de la Humanidad tan grandes en el campo de la ciencia moderna como el inolvidable Peral. Solo un hombre se le acercó, si bien solo en idea; Julio Verne. Este soñó la existencia de un Nautilus invencible, hermosa concepción, pero no tan hermosa como la realizada; no tan plausible como la que se demostró, testigos de cien naciones, sobre las aguas del Océano hace siete años aproximadamente.
Como no podía ser menos, la lúgubre noticia que el telégrafo nos ha trasmitido desde la capital alemana ha causado penosísima impresión. ¡Y qué verdad es que la inmortalidad de lo mortal aterra!
Peral vivo sintetizaba una esperanza, una gloria en principio, para nuestro futuro; el sabio muerto significa un recuerdo amargo, una diadema espléndida que se guardará para siempre; pero ¡ay! Sin que aliente su brillo la mirada del genio incomparable ni el palpitar grandioso de aquel corazón todo lleno de anhelos y poder, anhelos que no han podido llegar a realizarse en toda su plenitud.
¡Pobre mártir! ¡Héroe que fuiste bendecido por centenares de bocas, al empezar tu triunfo, descansa en paz en las misteriosas profundidades del más allá, desde donde estás ya viendo la humana pequeñez!
¡España viste de luto ante la muerte del hijo predilecto. Dios haya concedido a éste el eterno descanso que merecen las almas nobles y generosas!
Mañana publicaremos el retrato, en acero, del insigne ex marino y su biografía, llena de esplendideces y… de amarguras.
(La Crónica Meridional, Almería, 27 de mayo de 1895)

ISAAC PERAL
Su retrato
Retrato de Isaac Peral publicado
por La Crónica de Meridional de Almería
Llenos de profunda amargura al recordar la inmensa desgracia que hoy aflige a España, madre adoradora del que supo guardarle todo su amor y respeto hasta la sepultura que hoy encubre sus venerados restos, damos a conocer a nuestros lectores el retrato del insigne electricista y sabio ex marino D. Isaac Peral y Caballero, que acaba de morir en Berlín víctima de la traidora enfermedad que le aquejaba.
Sus primeros años
Nació el ilustre inventor del submarino en Cartagena el día 1º de Junio de 1851.
Sus primeros años transcurrieron sin que nada notable se indicara en él, si bien su aplicación en la escuela y el amor al estudio, que fue siempre su afán único desde pequeño, dejaba adivinar en el niño algo grande para después, cuando transformada la crisálida en mariposa hubiera de tender sus alas espléndidas por las regiones más maravillosas de la ciencia.
A los catorce años ingresó en el Colegio Naval, a cuya carrera mostraba decidida inclinación, mereciendo por su inteligencia no vulgar el aprecio y estimación de sus profesores y compañeros.
De carácter generalmente pensador, se avenía mal con los juegos propios de la juventud, y sus mayores diversiones consistían en resolver ecuaciones intrincada o solucionar algún complicado problema.
Su primer viaje
Terminados que fueron sus estudios preparatorios en la Escuela Naval, pasó a bordo deun buque, destinado por el gobierno para emprender varios viajes que le sirviesen de prácticas de instrucción.
El primero que realizó fue el de Cádiz a Manila, dando la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza, a bordo de un barco de vela, viaje penosísimo y arriesgado, en el que demostró el insigne matemático cuanto valía, acreditando sus excelentes condiciones marineras.
A su regreso a la península, en 1870, fue entusiastamente felicitado, obteniendo su comportamiento el título de guardia marina de primera clase.
Su historia militar
Dos años después del viaje referido, fue D. Isaac Peral nombrado Alférez de Navío. Entonces demostró claramente que a más de ser un inteligente marino, era un heroico soldado, expresando el amor que hacia su patria sentía, en 1873, frente a las costas de Cuba, donde entonces ardía la guerra.
Allí conquistó un buen nombre, probando su valor en la persecución y apresamiento de buques filibusteros. Pero donde conquistó Peral laureles de imperecedera gloria fue en Nuevitas, donde saltando a tierra al frente de doce hombres de la dotación del cañonero Dardo, que él mandaba, logró dispersar a los insurrectos.
Por esta acción fue premiado con la cruz roja del Mérito Naval.
Después en la Península batió a los carlistas, logrando nuevos éxitos y recompensas.
Pasó de allí a San Fernando en calidad de Catedrático y después siendo ya Teniente de Navío fue destinado a Filipinas como individuo de la Comisión Hidrográfica del Sur de Mindanao.
La invención del submarino
Vuelto Peral a España, dedicose con verdadero afán al estudio de la navegación submarina, trabajos que practicaba compartiéndolos con los que le acarreaba la Cátedra de Física que tenía a su cargo en la Academia de San Fernando; pero su modestia le evitaba el dar a conocer lo que llevaba adelantado en sus estudios, adelanto grandioso, sublime invención que había de colocarle poco tiempo después entre los más aventajados sabios del mundo.
Ahora bien, en el año de 1885, cuando los sucesos de las Carolinas, comprendió Peral que podía hacer gran beneficio a su Patria, y entonces fue cuando se atrevió a esbozar su obra haciendo algunos ensayos que llenó de elogios y protegió decididamente el Vicealmirante Sr. Pezuela, Ministro de Marina en aquella época.
En enero de 1888 se colocó la quilla del Peral, fue botado al agua en octubre del mismo año, y todos, todos los españoles recuerdan el entusiasmo, los vítores y animación que siguieron a las primeras pruebas del submarino.
Las naciones europeas, sin excepción, admiraron el sabio electricista tributándole todo género de honores.
¡Recuerdo venturoso; días felices que han venido a reducirse a la nada!
Sus últimos días
No han podido ser más amargos. Imposibilitado, por causas que nos disgusta recordar, a hacer valer su maravilloso invento, casi olvidado y herido en las fibras más sensibles de su alma, pidió su retiro, apartándose de aquel Cuerpo que adoraba y se dedicó sin otros compañeros que su virtuosa esposa y sus hijos, en el hogar, y su talento y constancia ante el mundo, a hacer instalaciones eléctricas en las poblaciones de Europa.
El ilustre inventor, el indiscutible sabio, se vio precisado a trabajar como un simple obrero para ganar un pedazo de pan con que mantener a su familia.
Tal vez por los grandes disgustos que ha sufrido y por el exceso de trabajo, adquirió una fatal dolencia en el ojo derecho, dolencia que presentó caracteres de cáncer y deseoso de curar aquel padecimiento pasó hace pocos meses a Berlín, con objeto de que le operase el sabio doctor Bergman.
Allí le fue extraído el ojo y cuando ya las heridas iban casi curadas, la fiebre, excediendo de todo límite, segó aquella vida llena de esperanzas y glorias, vida hermosa cuya pérdida jamás llorará España como se merece.
El cadáver del ilustre marino, acompañado de su inconsolable viuda y sus hijas, será trasladado a Madrid y desde allí a Cartagena, donde el malogrado inventor mostró siempre deseos de ser sepultado.
¡Peral ha muerto! ¡Tu luto, España, debe ser tan grande como el amor que él te tuvo y tan largo como tus días!
¡Pobre mártir!
(La Crónica Meridional, Almería, 28 de mayo de 1895)
Submarino Peral en la pruebas de navegación, 1889.
(http://www.xlsemanal.com/conocer/historia/20170522/isaac-peral-visionario-hundido-submarino-torpedero.html)

Nadie en su cabal juicio podrá comprender nunca el enorme crimen que se cometió con Peral y su invento. En ningún país sensato se hubiera hecho lo que se hizo y, por desgracia, España pagó con creces la lamentable decisión (intencionada) que tomó el Gobierno al abandonar el proyecto del submarino; nada menos que con la pérdida de su imperio de ultramar en el aciago año de 1898. Por suerte para el inventor cartagenero, su temprana muerte le ahorró tener que escuchar las dolorosas y ciertas palabras que pronunció el Almirante estadounidense George Dewey tiempo después de la Guerra de Cuba: “De haber tenido los españoles uno o dos de los submarinos inventados por Peral, me habría sido imposible conquistar Cavite”. ¡Cómo hubiese cambiado la Historia de España!

Por último, y en homenaje al gran inventor, a quien España estará siempre en deuda perpetua, recordar el sentido poema que le dedicó, con ocasión de su muerte, el poeta almeriense D. Ramón Blasco Segado:

¡PERAL!
             Trazó una poderosa llamarada
             en la historia del mundo; su talento
             venció al más atrevido pensamiento
             y su gloria inmortal fue adivinada.
            Sol esplendente de su patria amada;
             quiso hacerla brillar sobre otras ciento,
             y esta pagó su fe con el tormento,
            con desdenes su afán, su amor… con nada.
            Lo pobre crece y el valor se humilla,
            que no es siempre lo grande que asciende,
            ni es la peor virtud la más sencilla.
            Peral murió. ¡PERAL! Bien se comprende
            porqué el sol más en el espacio brilla.
           ¡Porque del genio el resplandor lo enciende!

Ramón Blasco Segado
(La Crónica Meridional, Almería, 28/5/1895)

miércoles, 14 de febrero de 2018

Berruezo, Fuentes, Figuera de Vargas, Silvela, Loring, Heredia, Salamanca, Soler... parentescos familiares


Familia Figuera de Vargas y Martínez. Hacia 1920
De izq. a der: Juan (padre), Miguel (hijo menor),
Juan Manuel (primogénito), Magdalena (madre) y Marta (hija)

(Extraída de Memoria fotográfica de Garrucha (1838-1936): La Historia Quieta. Vol. III.
Ed: Ayto. de Garrucha. Autor: Juan Grima)
Hace tres meses publicamos una entrada sobre el parentesco existente entre los Berruezo y los Orozco en un artículo puramente genealógico. De manera similar, ahora vamos a exponer la relación de consanguineidad entre los Figuera de Vargas y los Berruezo, o más específicamente, los Fuentes Berruezo.

La familia Figuera de Vargas fue otra de las ilustres de la Garrucha minera. Los hermanos D. Manuel y D. Juan Figuera de Vargas y Coche se instalaron en el municipio a finales del siglo XIX, ambos eran ingenieros de minas y su llegada se debía a que trabajaban para la Compañía de Águilas, que explotaba minas en los cotos cercanos de Almagrera y Bédar. Su tío era el ingeniero D. Luis Figuera de Vargas y Silvela, Consejero Delegado de la citada Compañía.

Para los objetivos genealógicos de este artículo, nos ceñiremos a la figura de D. Juan Figuera de Vargas y Coche, dejando a un lado a su hermano don Manuel, que falleció joven, estando casado con doña Emilia Pérez de Meca y Marín, Condesa de San Julián. 

Figura 1: Genealogía de D. Juan Figuera de Vargas y Coche

D. Manuel Silvela y García de Aragón
Retratado por Goya
En la Figura 1 se muestra la geneaología de D. Juan Figuera de Vargas y Coche, donde reseñaremos los aspectos más interesantes. Como se puede ver, era hijo del comerciante y banquero D. Juan Manuel Figuera de Vargas y Silvela, y nieto de Dña. Victoria Silvela y Le Vielleuze. Asimismo, era bisnieto D. Francisco Agustín Silvela Blanco, Abogado, Magistrado, Académico, Gentilhombre de Cámara de S.M. Dña. Isabel II, Diputado, Vicepresidente del Congreso y Senador del Reino. También era tataranieto de D. Manuel Silvela y García de Aragón, abogado y magistrado que durante la durante la Guerra de la Independencia colaboró con el gobierno francés, ocupando una plaza de Alcalde de Casa y Corteconcedida por José I Bonaparte, con el que logró ayudar a sus compatriotas atenuando las penas a los procesados por delitos políticos. Sin embargo, tras la contienda tuvo que partir al exilio en Francia.

Por otro lado, don Juan Figuera de Vargas era sobrino-nieto de D. Francisco Silvela y Le Vielleuze, conocido político que fue Ministro y Presidente del Gobierno durante la Regencia de la Reina María Cristina y el reinado de Alfonso XIII. Asimismo, D. Francisco Silvela estaba casado con Dña. Amalia Loring Heredia, hija del I Marqués de Casa Loring y de Dña. Amalia Heredia Livermore, siendo ésta, a su vez, hija de D. Manuel Agustín Heredia, empresario riojano asentado en Málaga que llegó a ser la mayor fortuna de España en su época, y de Dña. Isabel Livermore Salas, que era cuñada, entre otros, del conocido Marqués de Salamanca y del escritor D. Serafín Estébanez Calderón, tío segundo de D. Antonio Cánovas del Castillo, artífice de la Restauración Borbónica y Presidente del Gobierno.

D. Francisco Silvela
Presidente del Gobierno
Don Juan Figuera de Vargas y Coche se casó en 1900 con Dña. Magdalena Martínez Soler, perteneciente a la importante familia minera de los Soler de Cuevas del Almanzora (era nieta del rico industrial y banquero cuevano D. Manuel Soler Gómez). De este enlace nacieron tres hijos, de los que nos interesan D. Juan Manuel y Dña. Marta Figuera de Vargas y Martínez. Se sabe que el primero pretendió a Dña. Isabel Berruezo Alías, hija del Alcalde D. Pedro Berruezo Gerez y nieta del potentado D. Francisco Berruezo López, considerada una de las mujeres más bellas de la Garrucha de su tiempo, pero el amor no terminó de prender en ella, casándose años después con el ingeniero D. Ernesto Ortuño Saura. Sin embargo, sí llegó a buen término la relación de su primo-hermano D. Francisco Fuentes Berruezo, Abogado y Farmacéutico, hijo del acaudalado comerciante del esparto D. Simón Fuentes Caparrós y Dña. Concha Berruezo Gerez, con Dña. Marta Figuera de Vargas, contrayendo matrimonio en 1933.

Figura 2: Genealogía Berruezo-Fuentes-Figuera de Vargas

D. Luis Silvela Casado
Como se ha expuesto (ver Fig. 2), la familia Berruezo a través de la rama de los Fuentes Berruezo emparentó con los Figuera de Vargas y, por extensión genealógica, con los Soler, Silvela, Loring, Heredia, Salamanca…

Por último, y como curiosidad, don Luis Silvela Casado, hijo del Ministro D. Manuel Silvela, sobrino del Presidente D. Francisco Silvela y tío segundo de D. Juan Figuera de Vargas, fue Diputado a Cortes por el Distrito de Vera a principios del siglo XX, alojándose durante su estancia en Garrucha en la casa de Simón Fuentes Caparrós y doña Concha Berruezo Gerez en 1905. Con los años, al producirse el matrimonio Fuentes-Berruezo-Figuera de Vargas, se convertiría este político, que fue Ministro y Alcalde de Madrid, en pariente; ¡quién lo hubiera imaginado en aquel momento!


sábado, 10 de febrero de 2018

El establecimiento de la Guardia Civil en Garrucha



Desfile de la Guardia Civil en 1900
(http://www.guardiacivil.es/es/institucional/Conocenos/historiaguacivil/galeria_imagenes/index.html?pagina=3&buscar=si&query=&category=0)

En la Garrucha del último tercio del siglo XIX, donde el 70% de su población pertenecía al estamento proletario, calaron pronto las ideologías que promovían las reivindicaciones laborales de esta clase social tan deprimida y desamparada. El despertar de la conciencia obrera en el municipio se focalizó, esencialmente, contra las dos grandes compañías que desde finales de la centuria venían explotando las ricas minas de hierro de la cercana Sierra de Bédar, estas eran la Compañía de Águilas y la de la Casa Chávarri.

Los obreros, tanto los mineros de Bédar como los braceros encargados de la carga y descarga de los buques, pronto se organizaron en demanda de mejoras salariales y de reducción de la jornada de trabajo, principalmente. Para ello, fundaron periódicos locales como El Obrero (1891), La Unión Obrera (1901) o El Porvenir (1914), así como diversos sindicatos “La Unión Obrera”, “La Luz” o “La Precisa”, entre otros. De manera pareja, tuvieron lugar importantes huelgas, como las de 1890, 1902 o 1911.

Encuadrado en estas reivindicaciones, la lucha obrera fue más allá, seguramente buscando una mayor visibilidad a sus demandas, y en 1899 tuvo lugar un acontecimiento que supuso un antes y un después en la Garrucha de su tiempo:

Accidente grave. Pudo serlo mucho, y hasta ocasionar varias desgracias entre los conductores del tren, el sucedido a la una de la tarde del día 18 del actual al tren nº2 del ferrocarril minero de los Sres. Chávarri, Lecoq y Compañía, en la curva que por detrás de la finca Vista Alegre da acceso a las agujas de la estación de Garrucha.
Manos criminales arrastraron una gran piedra hasta la vía, y la colocaron sobre los raíles, y en sitio en que por el gran desarrollo de la curva, entre trincheras, no pudo ser vista por el maquinista y fogonero hasta que la máquina se echó encima, y por el pronto que el maquinista pudo parar y evitar milagrosamente un descarrilamiento, no sufrieron bastantes desperfectos la locomotora nº3, que era la que arrastraba el convoy, y cuatro vagones de los que bajaban cargados de mineral.
Hecho tan salvaje merece la execración de todos por las intenciones que revela; y como no es el primero, ni será el último, y la vigilancia en toda esta zona deja bastante que desear, por estar confiada sola y exclusivamente a guardas particulares, sin autoridad ni prerrogativas, EL ECO DE LEVANTE llama la atención de las autoridades, y reclama una vez más el establecimiento en Garrucha de un puesto de la Guardia Civil que persiga y corrija a tales cafres.
(El Eco de Levante, Garrucha, 21 de diciembre de 1899)
A raíz de este atentado, las poderosas Compañías Mineras, que se resistían a las demandas obreras, presionaron al Ayuntamiento para que hiciese las gestiones necesarias para la instalación de un Cuartel de la Guardia Civil en Garrucha, con el que lógicamente evitar hechos tan graves como el ocurrido y que las manifestaciones no derivasen en alteraciones del orden público. Así lo comunicaba el Alcalde al Consistorio en 1900:

Por el mismo Sr. Presidente (D. Martín García Cánovas) se manifestó a la Corporación, que siendo mucha la aglomeración de forasteros debido a los trabajos de embarque y desembarque en el Cable Aéreo de esta población a Bédar y vía férrea de la Sociedad Chávarri y Compañía, se hacía necesario solicitar de la autoridad competente la instalación de un puesto de la Guardia Civil en este pueblo, para evitar en su caso cualquier algarada o alteración del orden público. El Ayuntamiento en vista de lo manifestado por el Sr. Presidente y teniendo en cuenta las ventajas de lo expuesto por el Sr. Alcalde para esta población, se acordó por unanimidad autorizar a su Presidente para que haga cuantas diligencias sean necesarias hasta lograr la instalación del indicado puesto de la Guardia Civil en esta localidad.
(Actas capitulares, Garrucha, sesión de 21 de enero de 1900)
En enero de 1902 el Ayuntamiento alquiló una casa propiedad de Carlos Amorós Capel para instalar el que fue el primer Puesto de la Guardia Civil en Garrucha. El arrendamiento fue por cuatro años, sufragando el 70% del alquiler las Compañías Mineras, lo que denota quiénes eran los verdaderos responsables de la llegada de la Benemérita. Terminado el tiempo de alquiler de la vivienda, se buscó otra que se adecuase mejor a las necesidades del Instituto Armado. Así pues, se arrendó en 1907 la propiedad que poseía Pedro Cánovas Campoy, de nuevo por cuatro años, repartiéndose el pago del alquiler el Consistorio y la empresas mineras, siendo éstas de nuevo las que se hicieron cargo de la mayor parte. La nueva Casa-Cuartel tenía pozo y estaba compuesta por cinco pabellones de tres habitaciones cada uno, sala de armas, patio y cuadra, una porchada y un cercado frente a la casa con jardín. Asimismo, el Ayuntamiento estaba obligado a suministrar gratuitamente a los guardias y sus familias todo lo referente a servicios médicos y farmacéuticos.

Meses después de su instalación en Garrucha ya se notaba su efecto en el municipio, como recogió la prensa local:

[…] Al servicio de la Guardia Civil se debe, sin duda, el que desde la creación del puesto en Garrucha haya disminuido la criminalidad, siendo cada vez menor el número de atentados que se registran contra las personas. Continúen los beneméritos individuos que aquí prestan sus servicios al frente de su digno Comandante, vigilando a borrachos y gente de mal vivir, que aquí venían perturbando la tranquilidad de este honrado vecindario, […]
(El Eco de Levante, Garrucha, 31 de diciembre de 1902)
D. Federico Bueno y su familia
(Extraída de La Guerra Civil en Garrucha
Violencia Republicana y Represión Franquista 
(1936-1945). Autores: Manuel León y Eusebio Rodríguez.
Ed: Arráez Editores)

Indudablemente, el establecimiento de la Guardia Civil en Garrucha se le debe a las Compañías Mineras, que buscaron así protección para sus instalaciones y trabajos ante posibles acciones violentas por parte de los obreros, como se vio en el atentado al ferrocarril minero en 1899. Asimismo, la localidad se benefició de su llegada, pues trajo consigo una mayor tranquilidad y seguridad en el municipio. 

Hoy día continúa habiendo Puesto de la Benemérita en Garrucha, siendo uno de los Cuerpos de Seguridad del Estado más valorados y queridos por todos los españoles, por méritos más que sobrados en sus más de 170 años de Historia.

Por último, me gustaría recordar al Sargento D. Federico Bueno, Jefe del Puesto de Garrucha, que fue vilmente asesinado en Garrucha al comienzo de la Guerra Civil por un grupo incontrolado de milicianos procedentes de Mojácar. Sirva este modesto artículo en su memoria y en la de tantos otros guardias civiles que dieron su vida en el desempeño de sus funciones.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Los cementerios de Garrucha


Cementerio de Garrucha a principios del siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain
(Extraída de Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II.
Ed: Ayto. de Garrucha. Autor: Juan Grima. Documentalista: Salome del Moral)

Hoy día el cementerio de Garrucha es uno de los camposantos más cuidados y bonitos del levante almeriense. De pequeño tamaño, por exigencias de un municipio de población reducida, sus nichos y panteones decimonónicos forman un conjunto sencillo, armonioso y recogido. Pero, ¿de cuándo data? ¿Hubo otros antes? En las siguientes líneas trataremos de dar respuesta a esas preguntas.

Desde principios del siglo XIX Garrucha fue aumentando demográficamente y para ilustrar este hecho podemos citar la población en diversos años. En 1812 la población era de 112, en 1830 de 187 y en 1842 ascendía a los 414 vecinos. Sin embargo, si recogemos el dato para 1860, vemos algo muy llamativo y es que Garrucha contaba en ese año con 2116 habitantes. Es decir, se quintuplicó la población en apenas 18 años. ¿Qué había pasado? La respuesta se halla en el descubrimiento de los filones de plomo argentífero en Sierra Almagrera en 1838 y que cambió por completo la Historia del levante almeriense. Este acontecimiento dinamizó la vida social y económica de la comarca, erigiéndose diversas fundiciones metalúrgicas para beneficiar los minerales extraídos, como la fundición San Ramón, que se construyó en Garrucha en 1841. El pequeño núcleo poblacional de Garrucha comenzó a crecer desde entonces en importancia a un ritmo vertiginoso, contando en 1844 con Ayudantía de Marina, y Dirección de Sanidad Marítima, Carabineros del Reino y Aduana en 1847. Se instalaron sedes consulares de diversos países, así como destacadas Casas Comerciales e Industriales que controlaban desde Garrucha la exportación e importación de los productos mineros y mercancías que se hacía por su playa. En poco tiempo, Garrucha empleó a una cantidad ingente de personas, principalmente en la carga y descarga de los buques que arribaban a su rada.

Este auge demográfico sin precedentes que vivió Garrucha a partir de la década de 1840 trajo consigo las necesidades básicas de toda población de cierta entidad, como fue la instalación de un cementerio propio, pues hasta entonces los fallecidos en Garrucha debían ser enterrados en el camposanto de Vera, a unos 7 km de distancia. Así pues, en 1848 se construyó la primera necrópolis garruchera, en el sitio llamado la Puntica. Sin embargo, no reunía las condiciones necesarias, hallándose las tumbas a merced de posibles profanaciones y, a raíz de que unos perros desenterraron y destrozaron el cadáver de un niño, se desechó este primer camposanto. Ante tal tragedia que conmocionó al vecindario, don Pedro Berruezo Soler reunió en su domicilio a las principales personalidades de la Garrucha de entonces y acordaron, a sus expensas, la construcción de un nuevo cementerio, rodeándolo con tapias y con una puerta provista de cerradura. Le encargaron la obra al maestro albañil don Ginés Baraza, llevándose a cabo la construcción del segundo camposanto de Garrucha en el lugar llamado de las Tierras Royas, en la parte alta del pueblo. Como anécdota decir que la llave del cementerio quedó finalmente en poder de D. Pedro Berruezo, terminando así con la incomodidad que suponía trasladarse a Vera para solicitársela al Párroco cada vez que se necesitaba acceder al camposanto.

La segunda necrópolis de Garrucha se mantuvo en activo hasta aproximadamente 1880. Por aquel entonces, las necesidades de una creciente población (con una media anual de 250 enterramientos) que ya se acercaba a los 4000 habitantes y el lamentable estado de conservación en que se encontraba el cementerio, determinaron la construcción de uno nuevo, el tercero de su historia y el que existe en la actualidad. En 1878 el Ayuntamiento de Garrucha compró al médico D. Pedro Grima de los Ríos un terreno situado en el llamado Puertecico de las Escobetas para la construcción del nuevo camposanto. La obra estaba prácticamente concluida hacia el 11 de junio de 1882.


El lamentable estado de abandono que presentaba el segundo cementerio de Garrucha. Hacia 1875
(Extraída de Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II. Ed: Ayto. de Garrucha. 
Autor: Juan Grima. Documentalista: Salome del Moral)

Sin embargo, la nueva edificación no resolvió un problema que desbordaba al Ayuntamiento, pues, dejando a un lado las construcciones como los panteones de las principales familias de la localidad, en el cementerio regía la anarquía en los enterramientos. A este respecto comentaba el Alcalde D. Miguel Sáez en 1890:

El Sr. Presidente manifestó al Ayuntamiento el mal estado en que se encuentra el Cementerio Municipal de esta villa por los abusos que en él se vienen cometiendo, enterrando cada vecino del modo y forma que tiene por conveniente, sin atender para nada a los preceptos que el Ayuntamiento tiene establecidos, no sabiéndose de los muchos nichos u hornillos que se encuentran ocupados, los que han pagado o han dejado de hacerlo, por su falta de rotulación […]
(Actas capitulares, Garrucha, sesión de 5 de octubre de 1890)
También, aparte del descontrol en las inhumaciones, la prensa local se hizo eco del lamentable estado en el que se encontraba el cementerio apenas 17 años después de su inauguración, solicitando además a la Municipalidad que se dote al cementerio con un Conserje. Así lo solicitó el comerciante y periodista don Bernardo Berruezo en 1899:

Muchas, muchísimas veces hemos oído ocuparse en círculos y reuniones del estado de abandono en que se encuentra nuestro cementerio, pero jamás se ha cuidado nadie de que se atendiese este lugar sagrado como lo requiere un pueblo civilizado. Bochornoso, y más que bochornoso, anticristiano nos parece que el sitio donde tenemos guardado los restos de nuestro padres, de nuestro hermanos y de nuestros hijos, esté convertido en un pedazo de manigua donde se dejan crecer las yerbas a su antojo, y en un muladar donde a la superficie se ven continuamente, y como si se tratase de bestias, miembros de esas personas queridas.
No es exagerada esta dolorosa manifestación y bien pueden convencerse de ello los que la pongan en duda. Más de una vez lo hemos visto y cuando en alguna ocasión esto ha sucedido, nos ha salido al rostro la vergüenza y el sentimiento ha invadido nuestra alma. Porque esto, como decimos antes, revela poca o ninguna cultura, y porque no hay un solo vecino de este pueblo, que no tenga encerrado allí y bajo el único cuidado de la despiadada naturaleza algún ser apreciado en vida, y venerado hoy al recordar su memoria.
Pero lo que causa más sentimiento, lo que produce más indignación, es pensar que esa falta de respeto al más sagrado de los lugares y ese inicuo abandono en que se le tiene, evitariase a costa de insignificante sacrificio, si sacrificio puede llamarse al cumplimiento de un deber impuesto por la religión y por la caridad.
Si el Ayuntamiento crease un destino de Conserje del Cementerio, aunque para ello tuviese que suprimir algún otro de inútil trascendencia; si ese conserje se ocupase sola y exclusivamente de la limpieza de aquel Santo-Campo y de avisar a quien correspondiese cuando por efecto de lluvias u otras causas hubiera desperfectos en algún nicho; y en una palabra, se constituyese en fiel cumplidor de su cargo, no daríamos ese espectáculo tan repugnante e impío y que tan mal parados nos deja. Más aún, con ese conserje, no solamente se evitaría todo eso, sino que podría el sitio escarnecido, cambiarse por jardín ameno, adornado con plantas a propósito, como sucede en todas partes. […]
(El Eco de Levante, Garrucha, 14 de septiembre de 1899)
La solución a toda esta problemática no vendría del Ayuntamiento, sino de un grupo de vecinos que se ofreció a ayudar al Consistorio en el mantenimiento y dignificación de la necrópolis. Así, el 21 de junio de 1903 nació, con la oportuna autorización municipal, el Patronato del Cementerio de Garrucha, una asociación de carácter filantrópico y religioso que se encargó de la buena conservación del camposanto, dotándolo con un guarda-conserje y adecentándolo. Sin lugar a dudas, de manos de esta institución privada el cementerio dejó de ser lo que era; se limpió adecuadamente, se plantaron árboles para que tuviera un aspecto más esmerado y se organizó una distribución razonada de los enterramientos.

El Patronato del Cementerio llegó a convertirse en una de las asociaciones más importantes de Garrucha, y con el objeto de obtener mayores fondos, fomentó la cultura en el pueblo, llegando a organizar fiestas, representaciones teatrales, rifas benéficas, corridas de toros, conciertos…

En 1906 el Patronato acometió dos obras importantes. Por un lado, llevó a cabo la ampliación en 1000 metros de la necrópolis y, por otro, construyó el Cementerio Civil de Garrucha, adosado al Católico, terminando así con las penosas inhumaciones extramuros de los residentes, principalmente extranjeros, que no profesasen la fe católica. Esta dualidad y separación de camposantos se mantuvo hasta la llegada de la Segunda República, ya que como recuerda el artículo 27 de la Constitución de 1931: Los cementerios estarán sometidos exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de recintos por motivos religiosos. De esta manera, los cementerios católico y civil de Garrucha pasaron a ser uno, ahora llamado simplemente Cementerio Municipal.

El fin del Patronato vino con ocasión de la promulgación de la Ley de Secularización de Cementerios de 30 de enero de 1932, por la que los camposantos administrados por patronatos privados debían pasar a depender exclusivamente de los Ayuntamientos. Y así se hizo en Garrucha, el 22 de marzo de dicho año, el entonces Presidente del Patronato, D. Pedro Juaristi, entregó a la Municipalidad toda la documentación relativa a la necrópolis que poseía la Asociación, cesando así su cometido tan importante institución local.

No quiero terminar este artículo sin citar un aspecto curioso. A la vista de lo comentado, los primeros enterramientos que se realizaron en Garrucha datan de 1848, sin embargo, si se consultan los libros parroquiales de Garrucha comienzan en 1866. ¿Por qué? La Iglesia comenzó a construirse en 1861 y no fue hasta 1866 cuando el municipio fue dotado con un Teniente Cura, D. Gabriel de Haro Garrido, siendo hasta entonces el párroco de Vera el encargado dar sepultura y, por tanto, los fallecidos quedaban recogidos en los libros de defunciones de la vecina Vera.


domingo, 4 de febrero de 2018

Garrucha antes de la Garrucha de plomo y plata


Padrón de las Playas de la Garrucha de 1812. Archivo Municipal de Vera 

Bien conocido es por todos los lectores que hayan seguido este blog el discurrir histórico de Garrucha a partir de la segunda mitad del siglo XIX, y cómo se convirtió la rica pedanía veratense de la minería y el comercio en municipio independiente gracias a la gestión de aquellos importantísimos hombres de negocios, principalmente los Berruezo y los Orozco, que consiguieron su segregación en 1861. Por aquel año, la población superaba los 2000 habitantes y el crecimiento demográfico y económico que vivía la villa era constante y realmente espectacular. 

Pero, ¿cómo era Garrucha antes de su época minera? Para tratar de responder a esta pregunta nos basaremos en los datos del padrón de habitantes de Vera del año 1812, en el que en su parte última recoge la población de las Playas de la Garrucha. Aún faltarán poco más de dos décadas para que la monótona y rural vida del levante almeriense cambie drásticamente con el descubrimiento de los filones de plomo argentífero en Sierra Almagrera en 1838, por lo que nos servirá para comprender mejor cómo era esa Garrucha primitiva.

En la tabla 1 se muestran los datos obtenidos sobre el estado de Garrucha en 1812, en plena Guerra de la Independencia:

Tabla 1: Estado de Garrucha en 1812
Estado de Garrucha en 1812
Población
112
Hombres
55
Mujeres
57
Casas
31
Oficios

Patrón pesquero
9
Pescador
13
Arriero
7
Jornalero
1
Albañil
1
Empleado de Rentas
1


Como se observa en la tabla 1, la población es muy pequeña, poco más de un centenar de habitantes, de los cuales 55 eran hombres y 57 mujeres, por lo que existía una curiosa paridad demográfica, siendo aproximadamente el 76% menor de 40 años. De estos 112 habitantes, sólo 32 varones tienen profesión declarada, siendo los 80 restantes mujeres, niños y ancianos.

Aunque de manera lenta, y aún alejada del exponencial auge poblacional que se iniciará a partir de 1840, Garrucha comenzó a crecer paulatinamente en habitantes desde principios del siglo XIX de manera continua y sostenida, pues la construcción del Castillo militar de Jesús Nazareno en 1769 y la limpieza de piratas berberiscos que hizo el Teniente General de la Armada don Antonio Barceló en las costas del levante español y en Argel a finales del siglo XVIII eliminó las temidas incursiones de estos piratas contra la costa, que tanto miedo y pesar causaban a los garrucheros de entonces, pues no sólo se enfrentaban en estas razzias al robo y destrucción de sus propiedades sino a algo peor como era la muerte o ser secuestrados y vendidos como esclavos en el Norte de África.

En 1797 la población de la Playa de La Garrucha era de 42 habitantes repartidos en 9 casas, por lo que otro factor a tener en cuenta en el notorio aumento demográfico de 1812 puede ser también, aparte de la eliminación del riesgo de la piratería berberisca, la cruenta epidemia de fiebre amarilla que asoló a Vera en 1811-1812 y que lógicamente provocó que algunas familias trasladasen su residencia a Garrucha, huyendo así del foco epidemiológico. Sin embargo, no regresarán todos después, pues en 1830 la población asciendió a 187 vecinos, por lo que el crecimiento de Garrucha fue constante a lo largo del siglo XIX.

Esta población se repartía en 1812 en 31 viviendas, seguramente modestas edificaciones en la playa, y, como se puede ver, la principal actividad profesional era la pesca, todavía quedaban lejos los años de la próspera minería y el boyante comercio. Destaca también un número considerable de arrieros, dedicados al transporte de mercancías, como la sal y el pescado, así como de las necesidades del pequeño comercio de cabotaje con las poblaciones limítrofes. Asimismo, reseñar al único Empleado de Rentas, D. José de Vera, que estaría al frente del Alfolí de Sal, antiguo edificio que tenía el Gobierno para abastecer de este compuesto químico tan necesario a más de 40 pueblos de la comarca. Parece probable que también funcionaría como almacén y punto de distribución y control de mercancías que llegaban por mar y de las que se exportaban.

Esta Garrucha que hemos descrito no era aún, ni mucho menos, la esplendorosa villa minera de los miles de habitantes a la que dieron tanto lustre familias como la de los Berruezo, los Orozco, los Anglada, los Gea, los Moldenhauer, los Fuentes… todavía quedaban años para ello. Esta era la marinera Garrucha de apellidos como los Gerez, los Rosa, los Cano, los Cervantes, los León… sobre la que se asentará la renombrada Pequeña San Sebastián y que en poco tiempo se convertirá en uno de los puertos comerciales e industriales más importantes de España; ¡quién lo hubiera imaginado a principios del siglo XIX!